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Piscis II ♓️
Fecha: 06/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Peter28, Fuente: TodoRelatos
Piscis II El semestre terminó con una mezcla de alivio y nostalgia. La ceremonia de graduación fue solemne: en el gran auditorio de la universidad, los recién egresados subían uno por uno al escenario, vestidos con togas y birretes, mientras sus nombres resonaban por los altavoces. —Daniel Seiku González , Ingeniero en Biomecánica. El aplauso fue cálido, aunque no tan estruendoso como el de otros. Daniel, sin embargo, caminó con paso firme, saboreando ese momento que había esperado durante años. Buscó con la mirada a su madre y a Juan, que aplaudían emocionados desde la primera fila. Cloe y Victoria recibieron su mención minutos después: Médicas cirujanas. La ovación fue mayor, pues eran de las más destacadas del grupo. Ambas sonrieron al público, aunque Victoria, fiel a su estilo, se mantuvo serena, casi imperturbable. También subió Gerardo como ingeniero en programación. Al terminar la ceremonia, el bullicio se desató en los pasillos. Abrazos, fotos, lágrimas, promesas de amistad eterna. Cloe se lanzó a los brazos de Daniel. —¡Lo logramos! —exclamó con lágrimas en los ojos. —Sí… lo logramos —respondió él, sonriendo. Victoria se acercó despacio, con la toga aún en su sitio. Daniel la miró y, sin pensarlo, le tomó la mano. Ella no se apartó. Fue un gesto pequeño, pero para él significaba un universo. Finalmente lo abrazó. Gracias Dani, luego se fue El tiempo después de la graduación fue vertiginoso. El prestigio de la clínica San Gabriel, ...
... una de las más respetadas de la ciudad, atrajo a muchos recién graduados. Cloe y Victoria lograron entrar como residentes en cirugía. Daniel, con su título en biomecánica y un futuro prometedor, aún buscaba su lugar en ese engranaje. Las jornadas eran duras para ellas, pero las noches guardaban un respiro. Fue en una de esas noches cuando Daniel decidió dar el paso que llevaba meses guardando en silencio. Habían salido un par de veces y esa noche fueron a cenar a un pequeño restaurante italiano, no demasiado caro, pero acogedor. El ambiente estaba iluminado por velas, y un violinista recorría las mesas tocando melodías suaves. Victoria se veía distinta: sin la bata ni la formalidad del hospital, llevaba un vestido azul sencillo que realzaba sus ojos. Su cabello estaba suelto, y su risa —sí, esa risa que pocas veces dejaba escapar— resonaba más libre que nunca. Después del postre, Daniel respiró hondo. —Victoria, hay algo que quiero decirte. Ella lo miró con sus ojos oscuros, atentos. —Te escucho. Daniel tomó valor. —Desde que te conocí, he sentido que mi vida cambió. Al principio pensé que eras inalcanzable, alguien de otro mundo. Pero con el tiempo… descubrí a la persona detrás de la perfección, y me enamoré de ti. Victoria abrió los labios, sorprendida. Daniel continuó, temblando un poco: —No sé si merezco estar a tu lado, pero quiero intentarlo. Victoria… ¿quieres ser mi novia? Hubo un silencio breve, casi insoportable. Daniel pensó que la ...