1. La piscina de medianoche continuación


    Fecha: 06/06/2026, Categorías: Gays Autor: nonoyrocio, Fuente: TodoRelatos

    El hombre moreno nadó hacia mí con una seguridad que igualaba la mía, sus movimientos limpios y fluidos. Cuando llegó a mi lado, sus ojos no dejaron de escudriñarme, evaluando, desafiando. Sonreí, una sonrisa que era un aviso.
    
    —No suelo compartir este lugar —dije, la voz baja, ronca, apenas un susurro que se mezcló con el sonido del agua.
    
    Él ladeó la cabeza, acercándose tanto que casi sentí el calor de su cuerpo.
    
    —Entonces tendrás que enseñarme por qué debería quedarme —respondió con esa confianza que me hizo apretar el puño bajo el agua, conteniendo una reacción que no era solo de rivalidad.
    
    Sentí cómo su mirada bajaba, detenida en el tatuaje que cubría el lado derecho de mi torso, y después subía hasta mis ojos. En ese instante, supe que no era un encuentro casual: había un juego que ambos queríamos jugar, aunque ninguno aún dijera las reglas.
    
    Di un paso lento hacia él, empujando el agua con decisión, dejando claro que no temía acercarme.
    
    —Aquí mando yo —declaré, la voz firme, mientras mis dedos rozaban su pecho, sintiendo la tensión vibrar bajo la piel.
    
    Él no se apartó, sino que respondió con una sonrisa ladeada y un tono desafiante:
    
    —No me asusto fácil, Robert.
    
    Me llamó por mi nombre. Eso hizo que la electricidad en el ambiente se cortara con cuchillo.
    
    Sin dejar que la distancia volviera, acerqué mi boca a su oreja y susurré:
    
    —Entonces prepárate para que la noche te enseñe lo que significa enfrentarte a alguien que conoce sus límites... ...
    ... y los cruza.
    
    Él inhaló, su respiración se aceleró justo como la mía. El agua cubría nuestro cuerpo hasta el pecho, pero sentía cada músculo tenso, preparado para la batalla que no sería con golpes, sino con miradas, toques, control.
    
    Sin aviso, agarré su nuca con una mano y lo atraje hacia mí, nuestros labios rozándose en un roce corto, intenso, con la electricidad de lo prohibido. No era un beso de cariño, sino de poder. Su mandíbula se tensó, sus manos no tardaron en buscar mi cintura, intentando tomar el control.
    
    Pero esta vez, fui yo quien dominó. Empujé suavemente hacia atrás, obligándolo a retroceder un poco, solo para mirarlo fijamente y hacerle entender quién marcaba el ritmo.
    
    —No confundas mi deseo con debilidad —le dije, mi voz más baja, más peligrosa—. Aquí, en esta piscina, soy el dueño del juego.
    
    Él mordió su labio inferior, esa mezcla de sumisión y desafío en sus ojos me hizo querer llevarlo al límite.
    
    Sentí cómo la tensión entre nosotros se hacía casi tangible, la temperatura subía, el aire se volvía más denso, el sonido de nuestras respiraciones entrelazadas marcaba el pulso de una batalla silenciosa.
    
    Poco a poco, nuestras manos comenzaron a explorar, con caricias firmes pero controladas, sin perder ese pulso dominante que me pertenecía. Sentí su piel contra la mía, su cuerpo fuerte, la dureza contenida que reflejaba su espíritu de luchador.
    
    Era un duelo sin palabras, sin golpes, una guerra de deseos y voluntades que se desataba en la ...
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