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Compañeros - Capítulo 7: Ya total
Fecha: 08/06/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
Capítulo 7: Ya total La habitación estaba en silencio. Luis, tumbado de lado, con la cabeza apoyada en el brazo, miraba hacia la oscuridad. Sentía el calor pegado al cuerpo. La tela del calzoncillo marcaba toda la erección, tensa desde hacía ya demasiado. Miguel respiraba al otro lado de la habitación, quieto, despierto. Lo notaba. Habían pasado al menos diez minutos sin hablar. Entonces, Luis rompió el silencio. —Tío… qué cojones. ¿Y si nos hacemos una paja y ya? Miguel tardó dos segundos en responder. —¿Qué? —Eso. Que si nos cascamos una paja. En plan… sin más. Estoy reventado, pero estoy que me muero. Hubo una pausa. Miguel se rió bajito. —Tú estás enfermo. —¿Y tú no? —Luis giró la cabeza, aunque no veía nada—. Tío, yo tengo la polla como una piedra desde que salimos de la disco. No me puedo dormir así. Miguel suspiró. Pero se notaba que lo estaba pensando. —¿Cada uno en su cama? —Claro. Apagamos la luz, a oscuras. No pasa nada. Un silencio. Y luego: —Vale. Luis sonrió para sí. Agarró el móvil, apagó la lámpara y se quedó tumbado boca arriba. Durante un rato no se oía nada. Hasta que, poco a poco, el leve sonido de la tela bajando. El roce. El primer jadeo contenido. Miguel se la sacó por el lateral del calzoncillo. Ya la tenía medio dura. Se empezó a dar con calma, sin hacer ruido, respirando por la boca. Luis lo imitó desde su cama, con el brazo bajo la sábana, la polla tiesa desde hacía rato, el glande ...
... brillante de ganas. El cuerpo le pedía sacarse todo de encima. El morbo de hacerlo así, en silencio, a oscuras, sabiendo que el otro estaba igual, le ponía aún más. Pasaron varios minutos así. Hasta que Luis rompió el hielo de nuevo. —Bro… —¿Qué? —¿Quieres encender la luz? Es peor esto que vernos. —¿En serio? —Tío, ya total… estamos los dos empalmados haciéndonos una paja en la misma habitación. ¿Qué más da? Un segundo de duda. Y entonces Miguel dijo: —Dale. Luis se inclinó, encendió la lámpara. La luz cálida iluminó el cuarto a medias. Miguel estaba tumbado, el pecho desnudo, el pantalón bajado hasta medio muslo, y la polla firme entre los dedos. Era larga, gruesa, el glande rojo y brillante. Tenía los abdominales tensos, los labios entreabiertos. Sus ojos se cruzaron un segundo. Luis también tenía la polla fuera. Más corta pero gruesa, las venas marcadas, los huevos bien apretados. Su mano subía y bajaba con ritmo lento, más relajado que nervioso. Los dos se miraron. Y no se rieron. No bromearon. Solo siguieron. Luis fue el siguiente en hablar. —¿Quieres venir aquí? Yo qué sé. Ya total. Miguel lo pensó. Se mordió el labio. —¿Sí? —Sí, tío. Si no hay drama. Estamos cachondos, ya está. Miguel se levantó, sin esconder nada. Se acercó con la polla rebotándole entre los muslos, y se sentó junto a Luis en su cama. Muy juntos. Muslo con muslo. La lámpara encendida. El silencio lleno de calor. Luis cogió el portátil y lo ...