1. Los Placeres de Carlos y el Despertar de Carla


    Fecha: 09/06/2026, Categorías: Transexuales Autor: GTor0, Fuente: TodoRelatos

    ... con un gemido que no reconocí como mío. Nos arrancamos la ropa a medias, el encaje rasgándose bajo sus dedos impacientes. Rocío me levantó contra la pared, mis piernas envolviéndola, mi pene erecto y turgido palpitando con un deseo que me consumía. Ella se deshizo de su ropa interior, revelando su vagina rosada, húmeda y apretada, que me recibió con una presión que me hizo gruñir de placer. La penetré con fuerza, cada embestida un choque profundo que la hacía arquearse contra mí, sus uñas clavándose en mi espalda. Sus gemidos se convirtieron en gritos cuando un orgasmo la atravesó, su cuerpo temblando incontrolablemente, pero no se detuvo. Siguió cabalgándome, sus caderas moviéndose con una furia desesperada, apretándome con una intensidad que me llevaba al borde. Cuando no pude más, exploté dentro de ella, corretones de semen llenándola, desbordándose de su vagina mientras ella seguía moviéndose, exprimiendo cada gota hasta que ambos colapsamos, sudorosos y exhaustos, en el suelo. El vestido estaba arrugado, el maquillaje corrido, pero el aire olía a sexo y a victoria. “Carla, eres un maldito incendio”, dijo Rocío, su voz entre risas y deseo, mientras me ayudaba a recomponerme.
    
    En la reunión, éramos pocos: Rocío, dos amigas suyas y yo. Nadie sabía quién era Carlos, y eso me liberó. Hablé con una voz más suave, dejando que Carla tomara el control. Reí, brindé con una copa de vino, y por primera vez en mucho tiempo, me sentí vista, no como un uniforme o un padre ausente, ...
    ... sino como una persona. Una de las amigas, Laura, me preguntó cómo me sentía tan cómoda con los tacones. Sonreí y dije: “Es solo práctica”. Pero en mi mente, pensé: “Es porque estoy siendo yo”.
    
    Esa noche, al volver a casa, no me quité el vestido de inmediato. Me senté en el sofá, todavía como Carla, el vestido negro de encaje abrazando mi cuerpo, la peluca cayendo en rizos sobre mis hombros. La intensidad de la noche con Rocío aún vibraba en mi piel, y mi cuerpo pedía más. Me deslicé una mano bajo el vestido, encontrando mi pene aún duro, palpitante bajo la tela. Me masturbé como loco, la imagen de Rocío, de su vagina apretada y de nuestro frenesí, quemándose en mi mente. Cada caricia era una explosión, mi respiración entrecortada llenando el silencio. Cuando llegué al clímax, un chorro caliente se derramó en mi mano, y sin pensarlo, llevé los dedos a mi boca. El sabor salado, ligeramente amargo, era crudo, real, un recordatorio de la mujer que estaba descubriendo. Me quedé allí, jadeando, el vestido arrugado, el maquillaje corrido, pero sintiéndome más viva que nunca.
    
    Ahora, cada vez que me visto como Carla, siento que me acerco más a ella. Rocío y yo seguimos explorando este fuego que hemos encendido, a veces como Carlos, a veces como Carla, pero siempre con una intensidad que no tiene límites. No sé a dónde me llevará este camino, pero por primera vez en años, no tengo miedo de descubrirlo. En el cuartel, sigo siendo Carlos, el Guardia Civil serio y dedicado. Pero en la ...