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Mis dudas sobre Adriana (capítulo 3)
Fecha: 14/06/2026, Categorías: Grandes series, Autor: ArturoFish, Fuente: CuentoRelatos
... culito y pegarle una buena palmada que moviera las carnes y se sintiera en la palma de la mano. Sabía que mis compadres también debían pensar lo mismo que yo al ver a mi mujer, ese rabo era demasiada tentación, eso sin hablar del par de tetas que parecían querer salirse en cualquier momento de los pedazos de telas que las cubrían. Lo peor, ella lo sabía, sabía que se veía buena y se movía de aquí para allá como un pavo luciendo plumas. La vi acercándose a los hombres y dándoles una cerveza a cada uno mientras inclinaba casi todo su pecho hacia ellos, si yo le veía las tetas colgando no quería saber cómo las estaban disfrutando ellos dos, la visita debía ser increíble. De inmediato me volvió a sacudir la polla, ese par de amigos debía estar pasando saliva viéndole las tetas a Adriana y ella, como si nada se prestaba a sus miradas. Para mi sorpresa, también destapó otra cerveza y comenzó a tomársela, a las otras mujeres no les dio, de hecho, apenas tenía otra que dejó encima de una silla y siguió hablando como si nada. Desde la cocina no alcanzaba a escuchar lo que decía, pero por sus pocas señas, se estaba refiriendo a mí y a mis picaduras. Gabriela le hizo algún gesto tratando de indicarle en donde estaba su cremita mágica y un momento después, Adriana se devolvió; esta vez no la vi caminando hacia mí, lo que hice fue fijarme en ese par de imbéciles mirando con descaro el culo de mi esposa. Me dio cierta rabia que, teniendo a sus mujeres a su lado, se dedicaran a mirar ...
... la mía, pero en el fondo —no sé qué tan profundo— sentí una especie de orgullo, una especie de excitación al saber que yo poseía algo que ellos codiciaban. Un sentimiento que no había experimentado o, que por lo menos, no había terminado de aceptar en los años que llevaba con ella. Adriana entró a la casa, pero siguió derecho a la habitación de Gabriela, mientras tanto yo volví a mirar a la piscina y vi a Sebastián y a Mauricio hablando entre ellos, cuchicheando, seguramente hablando de Adriana, seguramente planeando algo para sacarme de combate. Debía tener cuidado. Esos rumores nunca conducían a nada bueno y solo me llenaban de preguntas sin respuestas claras. Adriana volvió con un tarrito en la mano. —Quítate la camiseta —me dijo— esta crema es buenísima. Yo me la apliqué esta mañana y mira, ya no se me nota casi nada. Estiró sus manos y me mostró su cuerpo apenas cubierto por esos trocitos de tela celeste. —¿Y ese bikini? —me atreví a preguntar. —¿Te gusta? Era una sorpresa que te pensaba dar, pero como te levantaste tan tarde… —¿No crees que está muy pequeño? —Pequeño lo que está usando Julieta ¿ya la viste? —No —dije intentando disimular lo obvio— ¿dónde está? —¿Me crees imbécil, no cierto? Si me di cuenta que la estabas viendo cuando yo estaba parada al frente tuyo. Yo no sabía qué hacer, lo único que se me ocurrió fue quitarme la camiseta y cubrir mi vergüenza con las picaduras de otros. Ella se acercó y comenzó a untarme la crema, el ...