1. Me cogí al gringo de la oficina


    Fecha: 23/06/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Trabajamos juntos en un estudio de arquitectura. Él siempre me pareció todo un gentleman. Alto, unos cuarenta, grandote, espalda ancha, y con ese acento de gringo que me hacía mierda la cabeza y me calentaba la concha sin piedad. Siempre sentí que había algo entre nosotros… Trabajábamos codo a codo, hablábamos con los clientes, éramos buen equipo. Y en esa dinámica, empezó a crecer una complicidad silenciosa. Cruces de miradas, sonrisas a destiempo, roces que duraban un segundo más de lo normal.
    
    El último tiempo, me empezó a calentar mal. Soñaba con él. Le relojeaba el bulto últimamente sin disimular. Me masturbaba en mi cama pensando en que me cogía contra su escritorio … con la puerta apenas entornada, sabiendo que podían escucharnos. Un día me ganó la curiosidad —y el morbo— y lo busqué en Instagram. Lo encontré rápido. Fotos con su esposa, dos hijos, la familia gringa perfecta. Siempre le veía ese hermoso anillo de casado. Bueh… ya fue, pensé. Pero sí, me calentaba más saber que era casado. Que esa mano con ese anillo podría estar apretándome el cuello mientras me cogía. Siempre me visto hermosa para ir a la oficina, y lo hago aún más desde que empecé a fantasear con él. Polleras negras ajustadas, camisas entalladas, tacos que marcan cada paso. Siento cómo se le va la mirada a mi culo cada vez que paso al lado de él… No lo puede disimular.
    
    La tensión entre los dos se corta con cuchillo. El otro día llegó tarde, desarreglado, justo antes de un almuerzo importante con ...
    ... un cliente. Lo intercepté en la entrada. “Vení, que te acomodo la camisa”, le dije, y me acerqué demasiado. Sentí su perfume. Sus ojos bajaron directo a mi escote mientras le subía el cuello. Mi concha se encendió como si me hubieran enchufado. Sé que se dio cuenta. Y ahí fue cuando todo se descontroló. Después de esa reunión, volvimos juntos. Nadie más en la oficina. Casi como si el universo lo hubiese planeado. Me siguió hasta la cocina para “charlar un segundo”. Cerró la puerta. Me apoyé contra la mesada con una sonrisa cómplice.
    
    —¿Vos sabés lo que me haces, no? —me dijo, mirándome con hambre. Me acerqué, casi rozándole los labios. —Mostrame. Y me mostró.
    
    Me alzó sin esfuerzo, me llevó hasta su oficina y me apoyó sobre su escritorio. Me besó como si le debiera la vida. Me chupaba los labios, me mordía el cuello, me abría la camisa sin cuidado. Yo le desabroché el pantalón, desesperada por sentirlo. Lo pajeé hasta sentir mi mano viscosa. Cuando me metió la mano entre las piernas y sintió lo mojada que estaba, gruñó. Literalmente gruñó.
    
    —Estás muy mojada.. —Te estuve esperando —le dije, jadeando.
    
    Me giró y me dobló sobre el escritorio. Me levantó la pollera, me corrió la tanga. Me la metió de una, fuerte. Me llenó entera con ese bicho enorme que tiene. Grité, apoyando la frente contra los planos enrollados, agarrándome del borde.
    
    Sentía sus huevos chocar contra mí, se escuchaba el ritmo de su pelvis chocando con mi culo, y sentía su respiración caliente en mi ...
«12»