1. Promoción del 93. Capítulo 38


    Fecha: 23/06/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: MujerQueDesea, Fuente: TodoRelatos

    El lunes amaneció con una luz clara, casi excesiva. El sol se colaba a través de las persianas de la oficina, desnudando el polvo flotante del aire. Félix llegó temprano, como de costumbre, con ese andar sereno que siempre le caracterizaba, pero hoy llevaba una inquietud escondida entre las hombreras de su americana.
    
    Marisa entró diez minutos después, saludó al grupo y se instaló frente al ordenador con su taza de café. Llevaba el cabello suelto, ondulado por la humedad del verano, y unos vaqueros claros con una camisa holgada que parecía elegida sin pretensiones. Pero Félix la notó distinta: estaba contenida, algo más distante que otros días. Lo supo enseguida. Aquel sábado no había terminado en su interior.
    
    Esperó a que el bullicio matinal de la oficina se disolviera un poco, luego se acercó con discreción.
    
    —¿Podemos hablar un momento? —preguntó en voz baja.
    
    Ella levantó la vista y lo miró con un gesto que combinaba sorpresa y resignación. Asintió.
    
    Se refugiaron en la pequeña sala de reuniones. Allí, entre la mesa blanca y el reloj de pared que parecía marcar el tiempo con mayor lentitud, se sentaron frente a frente.
    
    —Quería aclararte algo —dijo Félix—. Lo del sábado… No fue lo que pareció.
    
    Marisa frunció levemente el ceño.
    
    —¿Qué fue entonces?
    
    —Sonia me invitó. Pensé que íbamos en grupo, como la otra vez. Me sorprendió que fuera algo más personal, sí. Hemos salido un par de veces. Pero entre Sonia y yo no hay nada. No lo ha habido. Somos amigos ...
    ... después de tantos años.
    
    Ella bajó la mirada, jugueteando con un bolígrafo.
    
    —Yo no debía haberme marchado así. Lo siento.
    
    —No pasa nada —dijo él, sincero—. Me preocupó verte molesta, eso sí. No quiero que pienses que… no sé, que te engañé con mis actos. Porque no es así.
    
    Marisa esbozó una sonrisa leve.
    
    —No te preocupes, Félix. A veces me olvido de que tú y yo no tenemos un contrato emocional. Y eso lo complica todo.
    
    Hubo un silencio denso. Entonces Félix, que hasta entonces había medido cada paso con ella, decidió saltar al vacío.
    
    —Mira —dijo, dejando el café sobre la mesa a un lado—. Estaba pensando... ¿te apetecería pasar unos días en la playa? He reservado un apartamento en Torremolinos para principios de agosto. Nada lujoso, pero cómodo. Cerca del mar. Podríamos ir juntos. Salir del bucle este de las oficinas, los reencuentros, las heridas viejas. Respirar otro aire.
    
    Ella lo miró con una mezcla de asombro y ternura. Sus labios se entreabrieron como si fuera a responder de inmediato, pero se quedó callada unos segundos.
    
    —¿Estás hablando en serio?
    
    —Completamente —dijo él—. Si no tienes nada planeado todavía para esos días… Lo he pensado. Contigo me siento bien. No quiero enredarme en juegos ni aparecer un día y desaparecer otro. Si vamos, vamos como personas adultas que se tienen cariño. Pero solo si te apetece, Marisa. Sin ninguna presión.
    
    Ella asintió despacio, con una expresión que era casi una caricia.
    
    —Déjame pensarlo. Pero... gracias ...
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