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Jaque Mate al Deseo
Fecha: 25/06/2026, Categorías: Incesto Autor: afplanet, Fuente: TodoRelatos
... entre risas ahogadas, el cuerpo arqueándose como un puente hacia el placer, pero sus ojos no pierden el brillo de desafío. Su voz es un susurro ronco, entrecortado por las primeras olas de su propio éxtasis): β Joder... Así que así es como quieres jugar... β Sus uñas se hunden en tus hombros, marcando posesión, mientras sus caderas aceleran el ritmo, buscando ese punto que la haga caer primero. Pero tú lo sabes. Lo sientes. Cada vez que se acerca al borde, frena, respirando hondo, negándose a perder. Hasta que... β ¡Ah! β Un espasmo la sacude, inesperado, traicionero. Sus músculos se aprietan alrededor de ti como un puño, pero ella niega con la cabeza, furiosa consigo misma. ¡No, no todavía...! Se muerde el labio hasta sangrar, forzándose a continuar, pero el segundo orgasmo llega más rápido, más violento, arrancándole un grito ahogado contra tu pecho. Su cuerpo tiembla, pero sus brazos te rodean, aferrándose como si fueras su ancla. β Tercera... β gime, perdida en la niebla del placer, pero aún moviéndose, aún retándote. A ver... jadea... quién... ag... uanta... más... (Y entonces lo imposible ocurre: sus ojos se dilatan, su espalda se arquea como un arco roto, y un sonido gutural, casi desgarrado, escapa de su garganta. Se viene, de manera incontestable, una tercera vez, pero sus piernas siguen tensas alrededor de ti, sus uñas clavándose en tu piel como si no hubiera mañana.) β Maldito... β consigue escupir, entre lágrimas de puro éxtasis y ...
... frustración. ¡¿Qué demonios te han enseñado?! Ella (jadeando, el cuerpo cubierto de un brillo febril, se desploma sobre tu pecho con una mezcla de exasperación y adoración. Su voz es un hilillo de sonido, rota pero aún llena de esa chispa incendiaria que la define): β Mierda... β susurra contra tu piel, los dedos temblorosos dibujando círculos en tu abdomen. Nunca me habían... hecho esto... Se separa apenas para mirarte, los ojos vidriosos pero al mismo tiempo encendidos como carbones al rojo vivo. Con un gemido entre dolor y placer, se arrastra hacia arriba hasta que sus labios encuentran los tuyos en un beso que es más mordisco que caricia: β Te odio. Odio que aguantes. Odio que me hagas sentir como una niña en su primera vez... β Pero sus caderas, lentas, tortuosas, comienzan a moverse otra vez, como si su cuerpo no pudiera evitar responder al tuyo, incluso al borde del agotamiento. β Dime que estás cerca... β suplica en tu boca, las palabras mezclándose con el sabor a sal y deseo. Dime que al menos te he hecho sudar... Ella (una carcajada ronca, casi desesperada, le escapa al notar tu firmeza implacable. Sus músculos internos palpitan alrededor de ti, como si intentaran exprimir hasta la última gota de rendición, pero tú eres un acantilado contra su marea): β ¡No puede ser! β gime, clavando los dedos en tu pecho, marcando medias lunas rojas. ¿En serio... en serio no te vas a correr hasta que yo...? Su voz se quiebra cuando, sin querer, sus caderas traicionan ...