1. Media noche ardiente en Mallorca, 1


    Fecha: 10/07/2026, Categorías: Transexuales Autor: sergi43mallorca, Fuente: TodoRelatos

    La brisa marina rozaba la piel de Javier mientras se alejaba del bullicio turístico de Palma. Las calles menos transitadas tenían un aire sensual, y algo en el ambiente —quizá el calor húmedo o el ronroneo de la ciudad de noche— lo tenía más receptivo de lo habitual. Cuando entró en El Jardín Azul, el murmullo del bar lo envolvió como un susurro.
    
    Y entonces la vio.
    
    Lara.
    
    Alta, piel morena, piernas largas cruzadas con elegancia, el vestido rojo se pegaba a su cuerpo como si lo hubiese nacido con él. El escote generoso dejaba entrever una curva suave, tentadora. Se giró para mirarlo y en ese instante Javier sintió cómo la sangre le bajaba directo al sexo. Había algo en ella... una feminidad intensa, segura, provocadora.
    
    Hablaron. La tensión crecía con cada palabra. Lara tenía una voz melosa, con un tono grave que le erizaba la piel. Cuando le rozó la mano sobre la barra, Javier sintió un escalofrío. No por miedo. Por deseo. Y cuando sus labios se encontraron en el callejón, su lengua jugueteando con la de ella, no hubo vuelta atrás.
    
    En el apartamento, todo fue urgencia y ritual. Ella lo empujó contra la pared y lo besó con hambre. Javier le desabrochó el vestido lentamente, descubriendo un cuerpo glorioso. Pechos firmes, cintura estrecha, y entre sus piernas, un sexo palpitante que lo sorprendió… y lo excitó más aún. La piel de Lara estaba caliente, perfumada, húmeda por la anticipación.
    
    —¿Esto te incomoda? —le susurró Lara, guiándole la mano a su ...
    ... erección.
    
    —Al contrario —jadeó él—. Me vuelve loco.
    
    Se besaron con más fuerza, y ella lo arrodilló suavemente. Javier bajó su cabeza hasta rozar con la lengua el glande firme y húmedo de Lara. Succionó despacio, saboreándola, notando cómo se estremecía bajo sus caricias. Sus gemidos eran suaves, femeninos, con una dulzura que lo volvía completamente adicto.
    
    Lara lo detuvo, lo levantó y lo desnudó con lascivia. Lo empujó a la cama, se subió sobre él, sus cuerpos alineados, piel con piel. Frotó su erección contra la de él mientras se inclinaba para besarlo en el cuello, en el pecho, en los labios, haciéndolo vibrar.
    
    Luego, con lujuria en los ojos, se colocó lubricante y se sentó lentamente sobre él, dejándose llenar por completo. Su cuerpo tembló mientras lo sentía dentro. El movimiento de sus caderas era lento, rítmico, delicioso. Javier no podía dejar de tocarla: sus pechos, su cintura, el vaivén hipnótico de su cuerpo.
    
    —Eres increíble… —murmuró él, jadeando.
    
    —Y tú, más de lo que imaginaba —le respondió con una sonrisa cómplice.
    
    Lara se masturbaba mientras cabalgaba, gimiendo más alto. El cuarto se llenaba del sonido húmedo de sus cuerpos chocando, de sus jadeos, del olor a sexo. Cuando Javier sintió que no aguantaba más, la abrazó fuerte, enterró su rostro entre sus pechos, y se dejó ir con un gemido gutural mientras sentía el cuerpo de ella convulsionar, derramándose sobre su abdomen con un alarido incontrolable.
    
    Cayeron juntos sobre la cama, temblando, ...
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