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Mentis ( Capítulo 7 : comienza el plan)
Fecha: 16/07/2026, Categorías: Control Mental, Autor: Srxxx, Fuente: TodoRelatos
Seis meses habían pasado desde que Aurelio había tomado las riendas de su nuevo mundo. La casa ya no era simplemente una vivienda: era un templo. Y él, su dios. Cada mañana empezaba con un ritual perfectamente coreografiado. Aurelio dormía en el centro de la gran cama, desnudo, envuelto por las sábanas suaves y el silencio obediente de su harén. No necesitaba despertador. Su cuerpo ya sabía que, a esa hora, Lucía y Sofía se arrodillarían a cada lado del colchón, desnudas, el cabello recogido y los ojos bajos. Eran ellas las encargadas de despertarlo. No con palabras. No con caricias. Sino con devoción. Mientras una recorría su pecho con los labios, la otra deslizaba la lengua por el bajo vientre, hasta encontrarlo. Siempre duro al primer contacto. Siempre dispuesto. Cada mañana era un acto de veneración, de entrega absoluta. Para ellas, servirlo era un privilegio. Y para él, una rutina sagrada. Más allá, a los pies de la cama, dos cuerpos a cuatro patas aguardaban en silencio. En el suelo, desnudas y con el cabello hacia adelante, estaban Magdalena y Alejandra. Magdalena, su esclava más madura, su sumisa perfecta, con el cuerpo firme a pesar de los años, el cuello rodeado por el collar plateado que indicaba su posición: el último eslabón. A su lado, Alejandra. La antigua sombra del hermano que una vez tuvo nombre y ahora respondía con otro. Su cuerpo aún en transformación, su mente moldeada, su voluntad completamente despojada. Estaba allí por deseo ...
... ajeno, pero ya no distinguía lo que era impuesto de lo que creía querer. Ambas no hablaban. Solo ofrecían su presencia, su sumisión, sus cuerpos dispuestos. Así era cada mañana. Aurelio abría los ojos mientras las lenguas de Lucía y Sofía lo despertaban. No hablaba de inmediato. Solo observaba. Disfrutaba. Su mirada recorría los cuerpos postrados, sus respiraciones controladas, sus temblores silenciosos. —Buenos días —murmuró, y con esa simple frase todo empezaba. Lucía y Sofía sabían lo que tocaba. Una de ellas se sentaría sobre él. La otra abriría el cajón de la mesita para sacar el collar negro que él usaría ese día, distinto al resto. Porque cada día era una ceremonia. Y cada una, una prueba de obediencia. Aurelio se recostó, cerró los ojos, y dejó que el ritual siguiera. Aurelio se incorporó lentamente, las sábanas resbalando por su cuerpo mientras Lucía aún se aferraba a él con los labios. Sofía se detuvo justo antes de que él hablara. Sabían que cuando su voz sonaba por primera vez en el día, lo que venía no era una petición. Era una orden. —Lamed mis zorras —dijo con voz ronca, casi perezosa, como si no diera importancia a lo que exigía. Lucía se deslizó por su cuerpo como una serpiente, recogiendo cada gota, cada resto de la devoción matinal. Sofía la siguió, turnándose, compitiendo sin palabras por ser la que más placer le arrancara en cada movimiento, en cada lamida. En el suelo, Magdalena y Alejandra esperaban. No había impaciencia en ellas. ...