-
El sometimiento de Karen (parte 1)
Fecha: 30/07/2026, Categorías: Grandes series, Autor: Azzzul, Fuente: CuentoRelatos
Don Carlos era un desalmado prestamista, hombre sin principios, ni moral, ni escrúpulos. Dueño de una gran fortuna fruto del agiotismo de alto nivel. También muy influyente e intocable pues era muy cercano de políticos, jueces y magistrados. Hombre de 50 años, corpulento y algo pasado de peso, de tez morena, bigotes bien cuidados, el cabello largo de la parte de atrás siempre sujetado en una cola y calvo de enfrente. Aparentaba menos edad de la que tenía, de carácter fuerte, mirada intimidante y libidinosa, siempre pulcramente vestido, con anillos, pulseras y esclavas de oro. Tenía un insaciable apetito sexual, su infidelidad le había costado tres matrimonios, su gran debilidad eran las mujeres hermosas, el sexo, la depravación y el alcohol. Vivía en una gran mansión con sus sirvientes de los cuales cinco eran de su entera confianza, su chofer y responsable de su seguridad, su asistente que estaba al tanto de todos sus negocios y trampas, y tres sirvientas con facha de prostitutas de nombres Elsa, Betty y Magda, que se encargaban de su cuidado personal y de complacerlo absolutamente en todo, el las llamaba “Mis putas”. Don Carlos en su negocio era implacable si no le pagaban a tiempo, no se tocaba el corazón para despojar de sus bienes a sus deudores, siempre abusando de su poder, tenía a su servicio los mejores abogados de la ciudad y comprada a la justicia. Si la deudora era bonita sin duda terminaría siendo follada y humillada a lo más bajo; si el deudor tenía una ...
... esposa de buen ver, ella terminaría en la cama del prestamista siendo tratada como la peor de las putas. Mujeres de todo tipo que fracasaron en algún negocio terminando endeudadas, y tuvieron que recurrir al usurero para salir de graves problemas fueron penetradas por el viejo prestamista. Se tenía que estar muy desesperado si se recurría a él, y en ese estado se encontraba don Ernesto y Sofía, una pareja venida de más a menos. Por varios años habían gozado de mucha prosperidad, cosa que cambio de la noche a la mañana por la mala administración, aparte los excesos y despilfarros de ambos, habían terminado su fortuna. Sus empresas quebraron y tuvieron que deshacerse de todos sus bienes para liquidar a trabajadores y pagar otras deudas. Los bancos ya no quisieron prestarles y tuvo que recurrir al terrible don Carlos dejando como garantía lo único que habían podido salvar al menos hasta ese momento, su casa y una finca en el campo. El matrimonio tenía una hija única de nombre Karen de la cual se habían prácticamente desentendido, dejándola a cargo de la exigente hermana de don Ernesto, Rosario, una anticuada y solterona de 36 años, que estaba encargada de la finca de la familia. En esa época de esplendor los viajes de la pareja eran constantes, viajes por negocios y de placer, la niña para ellos era realmente un estorbo, de ahí que la mantenían lejos. Era también una manera de mantenerla al margen de la depravación de ambos, pues Ernesto en su mansión daba grandes fiestas ...