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Provocando al kinesiólogo
Fecha: 31/07/2026, Categorías: Confesiones Autor: Agustina, Fuente: TodoRelatos
Hola a todos, es la primera vez que me animo a contar está y si puedo iré contando algunas otras, espero les guste. Siempre me daba miedo, vergüenza mostrar, hacer algo provocativo. La situación se dió cuando fui a un kinesiólogo por dolor en la cervical y columna, el tipo muy educado y buena onda me dice que me tengo que sacar la remera, cierra la cortina y me deja para que me saque y me acomode. Estaba sentada en una silla y tenía que recostarme con los brazos sobre una camilla. El primer día me recosté enseguida y mis brazos tapaban mis pechos. El siempre muy ubicado no parecía mirar nada. Pero el segundo día me apoye en la camilla con los pechos sobre ella sin recostarme hasta que el volvió a entrar, note su mirada rápida y disimulada, que inevitablemente se fijó en mis tetas( soy pequeña de contexto y tengo grandes pechos, naturales por supuesto). Me pidió que me recueste y no volvió a mirar. Ya después de eso me fui animando a más, cada vez que iba apoyaba mis pechos sobre la camilla y cuando el entraba y me preguntaba algo me giraba para hablarle y que queden mis pechos de frente junto a el para que los vea bien, el trataba de controlar su mirada, pero se notaba que no podía dejar de fijarla en mis tetas. Empecé a tratar de dejar un poco de pezón saliendo del ...
... corpiño como para provocar más su mirada y me exitaba ver su lucha por no mirar fijo, era tentador y yo lo sabía, eso me hacía calentar, aunque sabía que no pasaría nada. Algunas sesiones después, ya me sentía diferente. Había dejado de ser simplemente la paciente tímida, y sin que mediara una palabra fuera de lugar, se había creado una especie de juego silencioso entre los dos. Yo exploraba los límites, y él, con su profesionalismo intacto, luchaba por no caer en ninguna trampa. Pero lo veía. En sus gestos, en el leve cambio en su voz cuando me hablaba desde atrás, mientras deslizaba sus manos con firmeza y cuidado por mi espalda contracturada. Había algo poderoso en sentirme deseada sin que él lo dijera. En esa mezcla de vergüenza y atrevimiento que nunca había explorado. En que todo pasara sin contacto indebido, sin una palabra fuera de lugar. Solo la tensión. Solo la idea. Nunca pasó nada más. Nunca lo necesitó. Yo salía de esas sesiones con la piel encendida y una sonrisa cómplice que solo yo conocía. Quizás él también. No lo sé. Pero aprendí algo: a veces, provocar no es solo mostrar. Es saber que puedes hacerlo. Y disfrutarlo, aunque nadie más lo sepa. Déjenme sus comentarios para saber si les gustó y si quieren que vuelva y haga algo un poco más osado 😅😅
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