1. Gay se folla a su mejor amiga 3 (Final)


    Fecha: 02/08/2026, Categorías: Bisexuales Autor: anonimossx, Fuente: TodoRelatos

    A Sara no la dejé de follar nunca.
    
    No importaba cuánto tiempo pasara, con quién estuviéramos, o cuántas veces dijéramos “se acabó”. Siempre volvíamos. A mordernos. A escupirnos. A follarnos como si se nos fuera la vida por los poros.
    
    Yo era maricón. Eso no cambió. Me siguen gustando los tíos. Pero Sara... ella fue la única mujer que me hizo dudar. No de lo que soy, sino de lo que soy capaz de hacer con la polla dura y el corazón hecho mierda.
    
    Nos follábamos con rabia. Como si odiarnos fuera parte del polvo. Nos hacíamos daño. Nos curábamos con saliva. Nos dábamos la espalda después, respirando como dos animales exhaustos.
    
    Y de ahí, de una noche de esas, nació Paula.
    
    Sara decidió criarla sola. Me lo dijo sin rodeos:
    
    —No quiero que le digas que eres su padre. No hace falta. Que piense que eres un amigo. El resto... es solo nuestro.
    
    Y yo, como un gilipollas, acepté. Años tragándome las ganas de abrazar a mi hija como padre. Años viéndola crecer con mi sangre y su carácter. Era mía. Mía también. Pero no podía decirlo. No podía tocarla como se toca a una hija. Solo mirar. Estar. Y callar.
    
    Sara me lo compensaba con el cuerpo. Cada vez que Paula dormía, o salía de casa, Sara me agarraba de la polla y me decía:
    
    —Ven, que te necesito dentro. Para acordarme de por qué decidí hacerlo sola.
    
    Y yo entraba. Siempre. Porque su coño me sabía a castigo. Porque cuando se sentaba sobre mí y me cabalgaba como si quisiera vaciarme el alma, todo lo demás dejaba de ...
    ... doler.
    
    ---
    
    La última vez fue la definitiva.
    
    Fiesta grande. Cumpleaños de Paula. Diecisiete ya. Casa llena. Risas, copas, humo en el jardín. Yo subí a descansar, con dos gin-tonics encima y la polla medio tiesa solo de verla moverse con ese vestido rojo.
    
    Me tumbé en el sofá. Cerré los ojos. Y entonces, entró Sara.
    
    Ni una palabra. Se subió encima. Me desabrochó el pantalón, me sacó la polla y me la chupó como si quisiera castigarme. Tragaba con fuerza, me miraba desde abajo con esos ojos de zorra vieja, me escupía y me la volvía a meter. Sin descanso. Sin compasión.
    
    Cuando se sentó sobre mí, el coño lo tenía encharcado. Me entró entera, sin manos. Solo gemidos.
    
    —Te juro que cuando te follas a otro, solo pienso en ti —le dije, con la polla enterrada hasta el fondo.
    
    Ella me arañó el pecho y gruñó:
    
    —Y yo me corro con otros porque ninguno me llena como tú, puto cabrón.
    
    La agarré del cuello, le di la vuelta, la puse a cuatro patas y le metí la polla con fuerza. Le azoté el culo hasta que se le quedó rojo. Gritaba. Gemía. Me pedía que no parara. La tenía empapada. Su coño se abría para mí como si me perteneciera.
    
    —Esto siempre fue mío —le dije, jadeando.
    
    —Sigue, joder, fóllame hasta que no pueda andar.
    
    Y eso hice. Le follé con rabia. Con sudor. Con todo lo que no podía decirle con palabras.
    
    Nos corrimos juntos, como siempre. Yo dentro. Ella chorreando. Respirando fuerte, con lágrimas secas y la cara marcada de deseo.
    
    Sara se fue a limpiarse, ...
«12»