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Pantallas encendidas | P.4 | El audio en la ducha
Fecha: 03/08/2026, Categorías: Sexo Virtual, Autor: Lucia, Fuente: TodoRelatos
Era domingo por la tarde. Llevábamos hablando desde mediodía por mensajes, de forma intermitente, con esa cadencia de quien no quiere terminar la conversación. La última frase que me envió fue: "Me imagino cómo estarías ahora mismo, después de una ducha caliente…". Lo tomé como una provocación y decidí devolverla multiplicada. Le mandé un mensaje corto: —Llamada solo de audio. No video. Aceptó sin hacer preguntas. Cuando contestó, mi voz ya sonaba envuelta en el eco del baño. El vapor se pegaba a las paredes y cada gota de agua golpeando mi piel se escuchaba nítida a través del micrófono. —Estás en la ducha —afirmó, sin necesidad de preguntarlo. —Mm… sí. —No puedo verte… —Pero puedes imaginarlo. El agua caía desde arriba, resbalando por cada curva, y el sonido llenaba el espacio como una cortina constante. Él guardó silencio unos segundos, como si estuviera ajustando la escena en su cabeza. —Quiero que me digas cómo estás ahora mismo —me pidió. Empecé a describir, pero no de forma directa. Le hablé del calor que me envolvía, de cómo el vapor me hacía cerrar un poco los ojos, de la sensación de la cerámica fría bajo mis pies. Cada palabra la decía despacio, con pausas largas que dejaban espacio al ruido del agua. —Sigue —susurró. Me preguntó en qué parte del cuerpo sentía ...
... más la temperatura, si estaba quieta o si me movía. Le dije que apoyaba una mano contra la pared, que el agua caía primero sobre mis hombros y luego se deslizaba hacia abajo. No hacía falta ser explícita: su respiración me decía que estaba viendo cada detalle sin que yo tuviera que decirlo. En un momento cerré el grifo por unos segundos. El silencio súbito fue casi eléctrico. Podía escuchar solo mi respiración y la suya al otro lado. Luego lo abrí de nuevo, y el sonido volvió a llenar la llamada. —Ese cambio me ha matado —confesó él—. Pensé que habías salido. —Quizá… pero no todavía. Jugamos así un rato más: él preguntaba y yo respondía con frases cortas, dejándole siempre espacio para completar la imagen con su imaginación. Le describí cómo resbalaban las gotas por mi espalda, cómo sentía el contraste entre el calor del agua y el aire más frío cuando me giraba un poco. Cuando salí, no le avisé. Simplemente dejé que escuchara el sonido de la toalla, el roce suave de la tela, el paso de mis pies descalzos por el suelo. —Si esto fuera video… —dijo él. —No haría falta que lo fuera —le corté—. Ya lo estás viendo todo. Colgamos unos minutos después, pero quedé con la sensación de que esa llamada había sido más intensa que muchas de nuestras videollamadas. Sin mostrar nada, le había mostrado todo.
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