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La vida (5)
Fecha: 08/08/2026, Categorías: Gays Autor: ozkar55, Fuente: SexoSinTabues30
* * *************************************** Este relato es solo una parte de una historia mayor. Si no ha leído las partes anteriores a esta, y le interesa mantener la secuencia cronológica y la integridad de la historia, puede buscar la primera parte (https://sexosintabues30.com/relatos-eroticos/gays/la-vida-1/) en mi perfil, y comenzar desde allí. *************************************** * * (5ta. parte) No se cuantas veces se repitió esto, ¿cuatro, cinco, ocho, diez? No lo se. Pero cada vez que el universo volvía para mí me parecía que Joaco se iba acoplando más a mis nalgas. Me concentraba en soportar el dolor y, cuando disminuía, en olvidarme de él hasta la próxima embestida. Pero en un momento algo cambio. Lo escuché decir a los demás “Me parece que esta es la buena…”, lo que provocó otra risotada burlona de Javi y un comentario “Era hora. ¡Seguro que le va a gustar…!”, mientras los demás parecieron poner atención a sujetarme bien. Juanjo, al que podía ver, miraba serio y a la espera de algo, mientras me obligó a pegarme a la colchoneta al torcer un poco más mi mano. Lo mismo hizo el que estaba del otro lado, que creo era Pedro… Sentí miedo, no esperaba nada bueno para mi de esos movimientos. Menos cuando Joaco se acomodó mejor sobre mi; lo sentí pegarse bien a mi cuerpo, su mano firme sobre mi boca, del otro lado de mi cara su mentón clavado en mi hombro. Lo miré cada vez con mayor temor, en vez de relajarme estaba cada vez más tenso, más ...
... todavía cuando sentí su mano sujetándome firmemente a través de mis bolas y pijita, levantando mis caderas mientras los gemelos separaban mis nalgas todo lo que les era posible. De vez en cuando, espasmódica e involuntariamente trataba de mover mis caderas hacia los costados, tratando de apartar su pija de mi agujero. Pero casi no podía hacerlo, y mi culo parecía haberse adaptado a la forma de la cabeza de su miembro, se mantenían pegados pese a todo. Él percibía mi miedo, mientras se preparaba seguía hablando a mi oído, “No te asustes, Betito, ya falta poco”, “Aflojate y va a ser más fácil”, “Calmate, no tengas miedo”… Me distraje escuchándolo. Entonces me embistió… El dolor fue terrible, pero cambiante. Empezó igual que las otras veces para luego tornarse insoportablemente intenso… y mutó, dejó de ser agudo, lacerante, para ser un dolor grave; ya no sentía que me partiera en dos… A medida que el mundo volvía a mí, sentí su peso sobre mi cuerpo. Yo estaba aterrorizado por la idea de volver a pasar por eso. Pero algo era diferente, aunque no podía precisar que. De a poco fui notando las diferencias. Juanjo y Pedro no me retorcían las manos, solo me las sujetaban, aunque con firmeza. Joaco me tapaba la boca, pero lo sentía relajado, como descansando encima mío, y me miraba con una leve sonrisa mientras me hablaba. ¿Por qué me hablaba? ¡Yo quería hablar! Quería decirle que por favor no siguiera intentando metermela, que no soportaba más el dolor. ¿Qué me estaba ...