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Toques calientes y mas en el tren - Final
Fecha: 16/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Nicole Hot, Fuente: TodoRelatos
... celulares, varios de ellos ahora en alto, las pantallas brillando mientras grababan cada movimiento, cada gemido, cada sacudida de los cuerpos enlazados. Helena los vio, los notó desde el rabillo del ojo, pero en lugar de detenerse, de cubrirse, de huir, algo dentro de ella se encendió aún más, la vergüenza se transformó en excitación, en poder, en saber que era el centro de todas esas miradas, que cada uno de esos extraños estaba atrapado en el hechizo de su sensualidad — "Les gusta… les encanta vernos" — jadeó, su voz era un hilo de sonido, pero Martín la escuchó, sus labios se curvaron en una sonrisa salvaje. — "Claro que sí, putita… muéstrales lo que vale un hombre de verdad" — sus manos bajaron a sus caderas, agarrando con fuerza para guiarla, para controlar el ritmo, haciéndola subir y bajar con más fuerza, cada embestida más profunda que la anterior, Helena gritó, su cabeza cayendo hacia atrás, su cabello castaño oscuro ondeando como una bandera de rendición, sus pechos rebotando con cada movimiento, los pezones rozando la tela áspera de la camisa de Martín, la sensación era demasiado, el placer demasiado intenso, pero no podía detenerse, no quería detenerse. Martín no duró mucho más, el espectáculo, la sensación de ella, la audiencia, todo se combinó para llevarlo al borde con una velocidad que ni siquiera él esperaba — "Voy a… mierda, nena, voy a…" — sus palabras se convirtieron en un gruñido animal, sus dedos se clavaron en sus caderas con fuerza ...
... suficiente para dejar marcas, su cuerpo se arqueó debajo de ella, enterrándose hasta el fondo en su calor justo cuando el orgasmo lo golpeó, Helena lo sintió, cada pulso, cada latido dentro de ella, y eso fue suficiente para llevarla a ella también al borde, su cuerpo se tensó como un arco, su boca abierta en un grito silencioso antes de caer sobre el pecho de Martín, agotada, temblorosa, completamente vaciada. Por un segundo, hubo silencio, luego, inesperadamente, un aplauso, primero tímido, luego más fuerte, algunos de los pasajeros, aquellos que habían disfrutado del espectáculo sin vergüenza, celebraban como si acabaran de presenciar una obra maestra, Helena, con el rostro enterrado en el cuello de Martín, no podía creer lo que escuchaba, pero incluso entonces, incluso después de todo, su cuerpo seguía respondiendo, un último estremecimiento de placer recorriéndola cuando él murmuró en su oído — "Nunca olvidaré esto, putita… nunca" — y supo que era verdad. El tren siguió avanzando, pero algo entre ellos, y entre todos los presentes, había cambiado para siempre. Helena recuperó el aliento con dificultad, sus pulmones ardían, sus músculos temblaban como si acabaran de correr una maratón, separarse de Martín fue como despegarse de una parte de sí misma, su cuerpo aún sensible, aún vibrante por lo que había ocurrido, se movió con torpeza hacia su asiento, las piernas débiles, la falda negra—ahora arrugada y manchada—se pegaba a sus muslos sudorosos, sus pechos, aún al ...