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Promoción del 93. Capítulo 46
Fecha: 17/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: MujerQueDesea, Fuente: TodoRelatos
Era un martes cualquiera. Félix había salido del trabajo algo antes y decidió hacer la compra pendiente antes de llegar a casa. Entró al supermercado sin pensar demasiado, siguiendo la inercia de los hábitos: fruta, yogures, algo de pan, café… dobló el pasillo de productos en conserva cuando, de pronto, una figura conocida, de espaldas, revisaba con detenimiento una lata de tomate natural triturado. El cabello castaño, la postura erguida, la forma de inclinar la cabeza. —¿Aurora? Ella se giró despacio, como si hubiera intuido que esa voz no podía pertenecer a nadie más. —Félix… Hubo un segundo de vértigo, como si el aire se adelgazara en el pasillo de las salsas. Ambos sonrieron con gesto medido, pero sus ojos hablaban por debajo de la compostura. —Vaya, qué sorpresa —dijo él, acercándose con el carro medio lleno—. No sabía que compraras por esta zona. —No, solo voy de paso, alguien me recomendó este super. —No me lo puedo creer —dijo él, con una mezcla de alegría y nerviosismo—. Hace meses que no sé nada de ti. —Ni yo de ti… —respondió Aurora, sin reproche, pero con algo de nostalgia. Félix bajó la mirada por un instante, y luego volvió a clavar los ojos en los de ella. —Aurora, aquella noche fue rara… Ella asintió lentamente. —Sí que lo fue. Te envié aquel mensaje, luego me arrepentí de hacerlo. Silencio. —Creí que lo nuestro se había roto del todo —dijo él, en voz muy baja—. ...
... Intenté seguir adelante… Aurora hizo un gesto de asentimiento leve. Lo esperaba. Pero no dolía menos. —Claro, las cosas son así. Yo también he seguido adelante. —Intento ser feliz —susurró él—. Pero no sé si se puede ser completamente feliz cuando hay un rincón dentro que sigue recordando a alguien cada noche. Aurora respiró hondo. Luego sonrió, con tristeza. —Yo también pienso en ti, Félix. Más de lo que debería. A veces siento que debí decirte la verdad esa noche. No recuerdo bien lo que ocurrió con Héctor. Sospecho que alguien me echó algo en la copa. No era yo. No era yo contigo. Él se quedó helado. No supo qué decir. Solo le sostuvo la mirada, y Aurora bajó la suya, como si le pesara haberlo dicho en voz alta. —Lo siento —dijo ella. —No tienes que disculparte. Yo… tampoco lo hice bien. Ambos guardaron silencio. Y luego, como si hubieran firmado un pacto invisible, se despidieron con dos besos lentos, de esos que rozan el alma. —Cuídate, Aurora. —Tú también, Félix. Se alejaron por pasillos distintos. Félix siguió comprando, aturdido, como flotando. Así, entre latas de conserva apiladas junto a paneles con ofertas, en una charlas de menos de dos minutos, creyó cerrar un capítulo emocional doloroso, con la que a pesar suyo había de reconocer que debería ser la mujer de su vida, por mucho que quisiera a Marisa, por mucho que comenzase a vivir con ella, por mucho cariño que acumulasen.
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