1. Promoción del 93. Capítulo 43


    Fecha: 18/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: MujerQueDesea, Fuente: TodoRelatos

    Aurora se sentó frente al portátil con la intención de mirar ropa, nada importante, solo una distracción más. Pero terminó abriendo el whatsApp, sin saber por qué. Buscó a Félix entre los contactos.
    
    Hola, Félix!
    
    "No sé si debería estar escribiéndote, pero tengo esta necesidad de decirte algunas cosas. Lo que pasó aquella noche… fue extraño. No todo está claro en mi cabeza. Sé que me marché con Héctor. Sé que estuve rara. Sé que tú te sentiste traicionado, o herido, iracundo. Quizá todo a la vez. Yo también me sentí desbordada. Y lo que es peor: tengo la sospecha de que pude estar bajo la influencia de alguna sustancia".
    
    "Tal vez lo imaginé. Tal vez fue solo mi propia manera de sabotear algo que empezaba a tener sentido."
    
    "No espero que me respondas. Ni siquiera sé si pulsaré a enviar. Pero necesitaba escribirlo. Porque pese a todo… me hiciste sentir viva otra vez. Y eso no se olvida fácilmente."
    
    Aurora suspiró, dejó el mensaje abierto, sin enviarlo, y bloqueó el móvil. Luego salió al balcón, donde la luz de la mañana acariciaba los geranios. El mundo seguía girando. Aunque dentro de ella, algo seguía detenido.
    
    Torremolinos, esa misma tarde.
    
    Félix y Marisa caminaban descalzos por la orilla, con las toallas enrolladas bajo el brazo. El sol se estaba poniendo y teñía el cielo de tonos rosados y dorados. Ella llevaba un vestido vaporoso, él una camisa abierta y el bañador todavía húmedo.
    
    —Te lo dije, ¿no? Que te encantaría este sitio —dijo él, con una ...
    ... sonrisa luminosa.
    
    —Me encanta más contigo —respondió Marisa sin pensarlo demasiado, y se sonrojó ligeramente.
    
    Más tarde, en un chiringuito frente al mar, compartieron una ración de boquerones fritos, otra de ensaladilla rusa y una botella de vino blanco. Marisa le hizo reír con una historia sobre una proveedora de la editorial obsesionada con los libros de tapa dura.
    
    Después, de regreso al apartamento, bailaron algo en la terraza, bajo una lámpara de luz cálida. Félix no recordaba la última vez que había bailado así: sin vergüenza, sin reservas. Comieron un poco de sandía, manchando sus barbillas y manos, besándose y riendo, para acabar duchándose los dos juntos. Y bajo el agua el rumbo de sus juegos acabó en nuevas caricias y en más necesidad de sexo, otra sesión más de las que sucedían durante aquellas vacaciones.
    
    Otra noche se quedaron mirando el mar en silencio, con las piernas colgando desde el espigón. Marisa apoyó su cabeza en el hombro de Félix y dijo algo que a él se le quedó grabado:
    
    —¿Sabes qué me gusta de ti? Que aunque parezcas roto luchas por recomponerte sin dejar de mirar el mundo cara a cara.
    
    Él no supo qué contestar. Solo le besó la frente.
    
    Y sin embargo, esa noche, ya en la cama, tras otro polvo inolvidable, y cuando Marisa ya dormía abrazada a su torso, Félix sintió una punzada de duda. No era ella. No del todo. No todavía. Y se preguntó, sin saber por qué, si Aurora estaría bien. Sin saber que, a kilómetros de allí, ella también pensaba ...
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