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Haz el amor y no la guerra
Fecha: 24/08/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Rosa rosaesp, Fuente: CuentoRelatos
Mi amigo Jonah, el marine, un negrazo con un rabo que hace honor a su raza, me había invitado a su casa, en la Castellana, a una fiesta de despedida. Además, tenía unos amigos de los EEUU, que le estaban visitando y quería que vieran lo ardientes que somos las españolas… así que me puse unas mallas muy ceñidas negras y un top azul muy sugerente. Debajo, solo me puse un tanga, para que no se marcara nada en las mallas. Llegué a casa de Jonah y comenzó a presentarme a sus amigos: Jim, otro negrazo, con unas espaldas más anchas que un armario, Carl, un rubio de California con unos ojazos azules que tiraban y Sam, un tejano moreno guapísimo. Todos eran muy amables y muy educados. Bebimos un poco, nos achispamos lo que pudimos y al final, acabamos sentados en el sofá hablando de los temas más peregrinos. Indudablemente, la conversación derivó hacia el tema que ellos querían: –Vamos –les dije– que yo sé lo que queréis. –¿Cómo que lo que queremos? –Vosotros queréis echar unos polvos gratis porque aquí vuestro amigo os ha dicho que él lo hace cuando quiere. Jonah sonrió débilmente mientras Carl se ruborizaba hasta las pestañas. –Vamos Rosa –dijo Jonah– solo les he dicho que eres una chica fantástica, muy liberal y sin prejuicios en lo que al sexo se refiere. ¿Tú crees que te lo haríamos pasar mal? Le miré sonriendo. La verdad, es que ya estaba cachondisima. Mis pezones se marcaban una barbaridad en mi top y mi vagina se había puesto a trabajar, expulsando ...
... una humedad incipiente. Me acerque a Carl y le dije que no se preocupara y acerqué mi boca a la suya, comenzando a besarle. Al principio, se mostraba tímido, pero cuando mi lengua se adentró en su boca, comenzó a manejarse. Deslizo su mano hasta mis tetas y comenzó a pellizcarme con fuerza un pezón a través del top. Mientras, Jonah se había levantado y metiendo los pulgares en la cintura de mis mallas, tiró de ellas hacia abajo, con la suerte de enganchar la cinturilla de mi tanga, con lo cual salieron con las mallas, dejándome mi almeja palpitante desnuda. Jonah cogió el tanga y se lo pasó a Jim. –Mira, esto es humedad y no la de Nueva York. Y era cierto. El tanga debía de estar empapadisimo pues notaba el calor húmedo de mi flujo. Jonah se arrodilló y levantando mis muslos, comenzó a comerme el coño como el solo sabe hacerlo. Primero pasa su lengua por el clítoris y comienza a hacer círculos, muy, muy lentamente, tan lentamente que creo que me voy a volver loca… cuando ya estoy en un estado cercano al paroxismo, hunde su lengua en las profundidades de mi coño y la mueve como si de una batidora se tratara. En ese momento estoy casi catatónica y ya debo de haber tenido tres o cuatro orgasmos. El útero salta dentro de mi vientre como un caballo desbocado y mi vagina se contrae salvajemente… Pero en ese momento Jonah había empezado el cunnilingus, todavía quedaba satisfacción para rato… Carl seguía besándome y Sam y Jim me miraban como tontos, con la boca ...