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Sense Vol. 2 (chatgpt es un cochino te)
Fecha: 26/08/2026, Categorías: Gays Autor: Gameboy1000, Fuente: SexoSinTabues30
El beso de Joel, aunque fugaz, había detenido el mundo para Dylan. Fue como si el universo se hubiera reducido a ese instante: el roce cálido de sus labios, la corriente que recorrió su cuerpo, la certeza de que algo en él había cambiado para siempre. Hasta ese día, mirando a través de la puerta entreabierta del baño, Dylan se había cuestionado en silencio, preguntándose qué significaban las mariposas que sentía al ver a ciertos chicos en la escuela, las miradas que se detenían más de lo necesario. Pero ahora, con Joel frente a él, todo encajaba. Esto era nuevo, aterrador, pero le gustaba. Le gustaba demasiado. Joel se dejó caer en la cama, boca arriba, con una sonrisa que era a la vez juguetona y expectante. “Qué día tan caluroso, ¿no?” dijo, estirando los brazos detrás de la cabeza. Su piel, aún húmeda por la ducha, brillaba bajo la luz que se filtraba por la ventana, y Dylan no podía apartar los ojos. Cada línea de su cuerpo —la curva de su clavícula, el leve movimiento de su pecho al respirar— parecía dibujada para captar su atención. Dylan se quedó sentado en la silla, rígido, con las manos apretadas sobre las rodillas. Quería moverse, decir algo, pero el peso de la situación lo mantenía anclado. Joel, con los ojos entrecerrados, lo observaba de reojo, como si midiera su valentía. Los minutos pasaron en un silencio cargado, roto solo por el zumbido del ventilador en la esquina y el eco lejano del videojuego en pausa. Entonces, Joel decidió romper el empate. ...
... Con un movimiento lento, casi teatral, llevó una mano a su cintura, rascándose distraídamente sobre la truza negra. Sus dedos se detuvieron, trazando un círculo perezoso sobre la tela, y Dylan sintió que el aire se volvía más denso. Su mirada seguía cada gesto, hipnotizada, hasta que Joel, con una sonrisa apenas perceptible, levantó un borde de la truza. Fue un instante, un destello de piel que hizo que el corazón de Dylan diera un vuelco. No tuvo tiempo de procesarlo: algo en él se encendió, y antes de que pudiera pensarlo, ya estaba sobre la cama, junto a Joel. Se abrazaron con una urgencia que parecía venir de un lugar más profundo que ellos mismos, como si sus cuerpos supieran lo que sus mentes aún no entendían. Sus brazos se entrelazaron, y Dylan sintió el calor de Joel contra su pecho, el latido de su corazón resonando con el suyo. Los besos llegaron como una cascada: torpes, inocentes, pero llenos de una electricidad que los hacía temblar. Besos en las mejillas, en la comisura de los labios, en el cuello. Cada roce era una pregunta, una respuesta, un descubrimiento. Se detenían a mirarse, sus ojos brillando con una mezcla de asombro y complicidad, antes de fundirse de nuevo en otro abrazo, otro beso. Joel, más audaz, dejó que sus labios bajaran por el cuello de Dylan, deteniéndose en la base de su garganta, donde el pulso latía con fuerza. Dylan cerró los ojos, perdido en la sensación, pero cuando Joel intentó deslizar una mano hacia su cintura, Dylan se tensó, ...