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La fuerza de su experiencia – Parte 11
Fecha: 28/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Carles, Fuente: TodoRelatos
"La fuerza de su experiencia – Parte 11" No dormí esa noche. El cuerpo aún temblaba del encuentro en el sótano, pero lo que me mantenía despierto era esa imagen final:Marina sonriendo, como si todavía llevara las riendas. Vera estaba junto a mí en la cama, desnuda, fumando en silencio. —No la subestimes —me dijo sin mirarme—. Ella no pierde así como así. La primera llamada llegó a la mañana siguiente. Número oculto. —Sé dónde estás —dijo la voz de Marina, suave, casi cariñosa—. Y sé lo que crees saber. Esta noche, 23:30, mismo hotel. Pero solo tú y yo. Si traes a Vera o a Lucía, no volverán a verme. Colgué sin responder, pero Vera lo notó en mi cara. —¿Fue ella? —preguntó. —Sí. Quiere verme a solas. —Y vas a ir —afirmó, no preguntó—. Pero no para reconciliarte… sino para acabar esto. Esa noche, cuando llegué a la suite, Marina estaba esperándome. Vestía un conjunto de seda roja, como en una de nuestras primeras noches, y en la mesa había dos copas de vino. —Me traicionaste —dijo, sirviéndose—. Y aun así… no puedo dejar de querer verte. —Tú fuiste quien empezó a manipular todo —respondí. Ella sonrió, se acercó y me tocó el rostro. —No, amor. Yo solo hice que vieras quién eres de verdad. Su mano bajó por mi cuello, mi pecho, mi abdomen. Sentí el pulso acelerarse. —Podríamos acabarlo aquí —susurró—. Una última noche, tú y yo, sin Vera, sin Lucía, sin cámaras. Solo nosotros… y después cada uno por su camino. Pero antes de que pudiera responder,la puerta ...
... se abrió de golpe. Vera. Lucía. —No esta vez —dijo Vera, avanzando con decisión—. Esta noche se acaba tu juego. Lo que siguió fue una escena tan cargada que rozaba la locura: las tres mujeres en la misma habitación, ninguna dispuesta a ceder terreno. Vera me tomó del brazo, Marina del otro. Lucía se acercó por detrás y me susurró: —Deja que se maten entre ellas… o usa esto. “Esto” era una pequeña memoria USB. —Todas las grabaciones. Todo el material. Si lo usas, destruyes a Marina… pero también a nosotras. En medio del forcejeo verbal y físico, pasó lo inevitable:la tensión se volvió deseo. Vera y Marina, con toda la furia acumulada, se besaron como si quisieran arrancarse el alma. Lucía se unió, empujando a las dos contra la cama. Y yo… quedé atrapado en el centro, sintiendo que más que un encuentro sexual, era un combate. Bocas, manos, uñas, piel contra piel. El placer era salvaje, pero cada beso llevaba veneno, cada caricia era un golpe disfrazado. Ellas usaban mi cuerpo para marcar territorio, para probar quién lo controlaba más. En un momento, Marina me miró fijamente mientras me montaba, y dijo: —Si me destruyes, me llevo todo contigo. Vera respondió con un gemido cargado de rabia. Lucía solo rió, disfrutando el caos. Cuando todo terminó, estábamos sudados, agotados y con la habitación convertida en un campo de batalla. La USB seguía en mi mano. —Tú decides —dijo Vera, sentándose a mi lado. —Pero recuerda —añadió Marina, acariciándome el rostro—, ...