1. Al parque


    Fecha: 29/08/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: DagoHeron, Fuente: CuentoRelatos

    Hay en mí una pasión, a veces imparable: escribir. A veces paso noches enteras inclinada sobre un cuaderno escribiendo, experimentando lo que mi pluma traza en el papel. No soy ni me siento como W. Smith o S. King, nunca he escrito una novela, y nada mío ha sido publicado jamás, salvo en sitios web. Podría ser que escribo cuentos demasiado cortos, o quizás porque mi temática favorita es el erotismo, el erotismo hardcore. Pero estas son las historias que me gusta contar y escribir.
    
    Al no poder sustentarme con esta pasión, tengo que trabajar, lo cual detesto, principalmente porque limita el tiempo que puedo dedicar a escribir.
    
    Por eso tuve que organizarme: llevo siempre conmigo una libreta para anotar las inspiraciones a desarrollar lo antes posible y, aprovechando los días lindos, paso mi hora de almuerzo en el parque cerca de la oficina. Sentado en mi banco habitual cerca del quiosco, descubrí no sólo un lugar tranquilo y agradable, sino una verdadera fuente de inspiración. Muchas mujeres, sin darse cuenta, pasando ante mi vista, se han convertido en musas inconscientes de mis historias; a veces su forma de vestir o de caminar, su cabello o su voz, eran suficientes para encender mi imaginación.
    
    En un momento dado, mi atención se centró en una mujer en particular. Quizás porque casi siempre elegía el banco frente al que se había convertido en mío, cerca del antiguo puesto de sandías, o quizás por algunos de sus curiosos hábitos que poco a poco fueron capturando mi ...
    ... curiosidad. Físicamente, ciertamente no era del tipo que pasa desapercibido. Medía aproximadamente 44 m, parecía una talla 46/XNUMX: pelo rojo y rizado, ojos verdes muy expresivos, aunque a menudo ocultos tras unas gafas, además de un pecho abundante, que creo que noté entre las primeras cosas.
    
    Ella casi siempre vestía de traje, de esos que abrazan sus generosas caderas y resaltan su estrecha cintura, con una falda que terminaba justo por encima de la rodilla, dejando imaginar la suavidad de sus muslos. Los zapatos de tacón alto completaban esa figura de secretaria a la antigua usanza, esa imagen estereotipada pero emocionante, capaz de hacer viajar la imaginación a encuentros prohibidos en alguna oficina desierta.
    
    En los primeros días llegaba con un libro, se sentaba con las piernas cruzadas en el banco y se sumergía en la lectura, aislándose del mundo real como todos los grandes lectores. Ella permaneció allí en silencio durante aproximadamente una hora, cambiando de vez en cuando la posición de sus piernas. Esperé ese momento con una inquietud mal disimulada, disminuyendo el ritmo de mi escritura, con la esperanza de comprender mejor sus piernas, pero el gesto fue cuidadosamente estudiado y casto.
    
    De repente, dobló una esquina de la página y se puso de pie. Todo lo que pude hacer fue seguirla con la mirada mientras se alejaba con su andar elegante, sus caderas balanceándose con cada paso, su trasero redondo y firme que parecía bailar bajo su falda ajustada, antes de ...
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