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Ninfómano (capítulo 7): Penetré al viejo del supermercado
Fecha: 29/08/2026, Categorías: Gays Autor: JosraGream, Fuente: CuentoRelatos
... iba a doler, a lo que él me respondió que el dolor era lo de menos, que solo quería que lo hiciera mío. Le dije que se apoyara de la pared y que sacara un poco su trasero, yo me llené la mano de saliva, y comencé a dilatarlo metiendo dedo por dedo en su ano (lástima no pude grabar, tenían que haber escuchado los gemidos, parecía una mujer excitada y ni siquiera lo estaba penetrando). Cuando noté que ya cuatro dedos de mi mano entraban dentro de su ano, le dije que se preparara que ya iba a entrar mi pene; escupí en mi glande, hasta que quedó empapado, y sin anestesia ni permiso, empecé a clavarlo. Comenzó a respirar rápido, incluso sus latidos podía sentirlos acelerados cuando lo sostenía por la cintura, me decía que le dolía mucho, pero que no lo sacara, y que lo tomara de los cabellos mientras le daba duro por detrás, así que eso hice, no paré de darle como un salvaje y de cumplir sus fetiches mientras se quejaba por el dolor. Estábamos todos sudados, habían pasado más de 30 minutos desde que comenzamos a tener sexo anal. Llegó el momento que yo tanto estaba esperando, quería que se viniera con mi pene adentro. Me dijo a pocos segundos de venirse: “papi, se me va a salir la leche, dame más despacio mientras me besas el cuello y me dices groserías”. Yo nuevamente hice lo que él me pidió sin decirle ni una sola palabra relacionada con mi opinión, solo groserías muy cochinas. Yo estaba encantado con él por ser tan dulce y morboso al mismo tiempo, y además ya ...
... había estado con tantos hombres en mi vida que me habían pedido exactamente lo mismo, así que lo podía complacer al máximo. Mi última palabra excitante fue dicha muy cerca de su oído mientras lo penetraba con suavidad, y él literalmente explotó de placer, comenzó a gemir descontroladamente (tuve que cubrirle la boca con mis manos), sus piernas le temblaban y cuando pensé que su semen iba a ser muy poco como la última vez, pasó todo lo contrario, fueron unos siete disparos de leche líquida que cubrieron la pared de dónde él estaba apoyado. Cuando su orgasmo terminó, retiré mis manos de su boca, estaba respirando acelerado, y mientras lo hacía me hablaba como podía para decirme que era lo mejor que le había pasado en su vida, y que quería que lo hiciera mío todos los días, que era capaz de darme lo que yo le pidiera y tratarme como a un rey (por mi cabeza pasaban tantas cosas al escuchar eso, pero nuevamente preferí callar y le regalé un beso y un abrazo). Después de nuestro encuentro, me dijo que teníamos que vestirnos y salir a abrir el negocio, ya nos habíamos pasado de la hora. Nos vestimos rápido, y antes de abrir la puerta para comenzar la jornada de trabajo, me tomó por sorpresa con un abrazo muy fuerte, me dio un beso en la frente, y me dio las gracias por hacerlo feliz y por quedarme con él en su negocio. Ya ven, señores, me convertí en el niño mimado de un hombre mayor que es adicto al sexo, y además terminé siendo su empleado en un instante. No se ...