-
Pagando una deuda con mi esposa
Fecha: 04/09/2026, Categorías: Primera Vez Autor: Papillo19801, Fuente: CuentoRelatos
... palpable. Ricardo no perdió el tiempo. Se levantó y se acercó a Sofía, que retrocedía ligeramente, su cuerpo rígido. “No tengas miedo, Sofía”, dijo él, su voz sorprendentemente suave. “Solo quiero disfrutar de tu belleza.” Sus manos se extendieron lentamente, rozando el brazo de Sofía. Ella se estremeció, pero no se movió. La bata de seda cayó al suelo, revelando el cuerpo desnudo de Sofía. Sus grandes y redondos pechos se alzaron, sus pezones duros por la vergüenza y el miedo. Sus caderas perfectas y su culo redondo se presentaban sin pudor ante la mirada hambrienta de Ricardo. Ricardo se arrodilló frente a ella, sus ojos fijos en la entrepierna de Sofía. Su aliento caliente rozó su piel cuando sus labios se acercaron. Sofía contuvo la respiración, un temblor recorriendo su cuerpo. El primer toque de la lengua de Ricardo en su clítoris fue una descarga eléctrica. Sofía gimió, un sonido apenas audible, una mezcla de repulsión y una pizca de curiosidad. Ricardo, sintiendo su vacilación, intensificó sus caricias, lamiendo y succionando con una habilidad que Sofía nunca había experimentado. Los dedos de Ricardo se deslizaron entre sus nalgas, explorando la entrada de su culo redondo. Marcos observaba la escena, su propia respiración acelerada. La visión de Ricardo profanando el cuerpo de su esposa, de la mujer que solo él había poseído, le provocó una mezcla contradictoria de dolor y una extraña excitación. Su pene se endurecía, y se encontró llevándose una mano a ...
... sus pantalones, masturbándose con movimientos frenéticos. Sofía, mientras tanto, sentía cómo el miedo inicial se desvanecía, reemplazado por una ola de sensaciones que la abrumaban. Los lametones de Ricardo se volvían más expertos, su lengua jugaba con su clítoris, sus dedos masajeaban su interior. Un placer desconocido se apoderó de ella, haciéndola arquear la espalda y gemir con más fuerza. Sus caderas comenzaron a moverse por sí solas, buscando más, pidiendo más. Las barreras se derrumbaban, su ingenuidad se disipaba bajo el embate de la lujuria. Ricardo se levantó, su miembro erecto y palpitante. Con una audacia que dejaba claro su control, besó a Sofía en la boca, su lengua buscando la de ella. Sofía, ahora rendida al placer, respondió al beso con una intensidad que sorprendió a Marcos. Luego, Ricardo la guio hacia el sofá. Sofía se dejó caer, sus piernas abiertas, su cuerpo ofreciéndose. Ricardo la penetró con una lentitud deliberada, sus ojos fijos en los de Sofía, buscando su reacción. Ella jadeó, sus uñas se clavaron en los cojines del sofá. Pero no había dolor, solo una expansión placentera que se extendía por todo su ser. Las embestidas se hicieron más rápidas, más profundas, y Sofía gritó, un grito que ya no era de miedo, sino de puro éxtasis. Marcos, incapaz de contenerse más, se acercó al sofá, su pene goteando de deseo. La vista de su esposa gimiendo bajo otro hombre, de su cuerpo entregado a la lujuria, era un afrodisíaco potente. Ricardo lo vio ...