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Mi primer piso de estudiantes 4. Corregido
Fecha: 06/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Marcos Sur, Fuente: TodoRelatos
Los meses pasaban, mientras la convivencia y la amistad entre los tres compañeros de piso iba creciendo. Tanto era así, que un día vino Laura a casa, invitándome a la boda de su prima del pueblo. ¡Menudo compromiso! pero a ver quién se libraba de tal evento con lo bien que nos llevábamos y la afinidad que había. Por su parte, Marta iría a dicho evento con Juanjo y tendría que aguantar al "cornudo cateto" de nuevo. Debo reseñar -y puntualizar- que en este tiempo ya no me había vuelto a acostar con Marta y lo que quedaba entre nosotros era mucha complicidad. En esas estábamos -preparando la boda- cuando tuve el infortunio de caerme de la bici de camino a la facultad, haciéndome daño en la pierna y -en teoría- complicando la invitación. Yo no quería ir con las muletas a la boda y pasaba de ir al medico, teniendo que ir a la boda con alguna pastilla de más y dando "cojetadas". Marta y Laura me insistieron para que no fuera, pero el efecto de las pastillas suavizaron las molestias. Me puse mi traje -que me quedaba como un guante- y me fui con ellas. Llegamos al convite con ganas de comer y bueno, porqué no decirlo, también de beber. Yo -por las pastillas- no podía beber, pero por un poco de vino blanco no pasaba nada. Y no pasó nada, tan sólo que me achispó un poco. La cuestión se complicó algo más tarde, cuando llegó el tinto y el champagne para brindar. Acabó la comida y comenzó el baile. Era una hacienda con hotel y la verdad que yo no estaba para ...
... bailar, así que Laura de vez en cuando se pasaba por mi mesa. Erróneamente, para más inri, me tomé alguna copa que otra. Y en esas estábamos, mientras Marta y Juanjo discutían en la barra. Yo medio achispado -medio en mi mundo- solo reía con Laura. En ese momento, la tía de Laura se acercó y me preguntó el porqué no me levantaba a bailar. Yo con cara de pena le expliqué mi lesión. Junto a la tía de Laura se acercó su marido, un carnicero muy dicharachero que se reía en tono de broma de mi desdicha. Hicimos buenas migas, contándome sus lesiones y cortes. Entre copa y copa su mujer -Marisol- (la tía de Laura y mujer del carnicero) me dijo que ella tenía una crema muy buena que aliviaba dolores y que su marido no viajaba sin ella. Yo pregunté la marca y me dijeron que ellos me la dejaba para que me la pusiera. Ellos se habían hospedado en el mismo hotel de la hacienda de la boda y le dije si podía aplicármela ya. El carnicero, amablemente, me dijo que acompañara a su mujer -viendo mi cara de dolor con la molestia de mi pierna- (el carnicero me veía como un niño de dieciocho años -un amiguito de su sobrina- asi que no puso reparo para que fuera con ella). Subí por las escaleras, mientras los demás se quedaban en el convite. Marisol era castaña, con media melena, de estatura media y a sus 40 años -pese a no estar delgada- se notaba que hacía deporte. Era una mujer apretadita y embutida en un vestido amarillo que remarcaba sus curvas. Llegamos a la habitación, era una ...