1. Elena pet play - Cap 3


    Fecha: 23/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Maai, Fuente: TodoRelatos

    La oscuridad del garaje no era absoluta. Una luna llena filtraba su luz azulada a través de la pequeña ventana alta, pintando líneas plateadas sobre el cuerpo desnudo de Elena. La jaula de metal frío le mordía la piel en cada punto de contacto: las rodillas magulladas, los muslos temblorosos, las caderas marcadas ya por el primer día de sumisión.
    
    Elena intentó cambiar de posición, pero cada movimiento hacía crujir los barrotes con un sonido que le recordaba su encierro. El collar de cuero - tan nuevo, tan pesado - le oprimía la garganta con cada respiración acelerada.
    
    "Propiedad de L&M".
    
    La placa metálica le rozaba la clavícula, fría como el resto de este lugar que ya empezaba a oler a su propio sudor, a humedad, a algo más íntimo que no quería reconocer.
    
    Un crujido en la puerta la hizo contraerse. Miguel entró en silencio, vestido solo con un pantalón de pijama holgado que no ocultaba su excitación. Se apoyó contra la pared frente a la jaula, cruzando los brazos sobre el torso musculoso.
    
    —Qué vista tan bonita —murmuró, los ojos recorriendo cada centímetro de su cuerpo encogido—. La abogada exitosa reducida a esto.
    
    Elena bajó la mirada, sintiendo cómo sus pezones se endurecían bajo la observación. El aire frío del garaje los hacía doler de una manera que no podía ignorar.
    
    Miguel se acomodó en una silla de metal que sacó de la sombras. Con movimientos deliberadamente lentos, se desabrochó el pantalón, liberando su erección.
    
    —Mírame, perra.
    
    Elena ...
    ... alzó la vista, paralizada. La luz lunar plateaba el líquido que ya asomaba en la cabeza de su miembro.
    
    —Así —dijo él, comenzando a moverse con lentitud—. Así es como me pones.
    
    El sonido de su mano deslizándose era obsceno en la quietud del garaje. Elena no podía apartar la mirada, notando cómo cada movimiento de sus dedos hacía brillar más la humedad.
    
    —¿Sabes por qué no te toco? —preguntó, acelerando el ritmo—. Porque todavía no eres digna.
    
    Una gota cayó al suelo entre ellos. Elena sintió su propia humedad aumentar, traicionera.
    
    —Hoy en la corte —continuó Miguel, la voz ronca—, mientras discutías algún caso importante, yo estaba imaginando esto.
    
    Su mano se detuvo, mostrándole cómo brillaba bajo la luz lunar.
    
    —Imaginaba tu boca aquí. Tu lengua limpiando cada gota.
    
    Elena sintió un escalofrío. Entre sus piernas, un pulso insistente la traicionaba.
    
    —Pero no lo harás —dijo él, reanudando el movimiento—. No hasta que aprendas.
    
    El sonido de su respiración entrecortada llenaba el espacio entre ellos. Elena notó, horrorizada, que sus propios muslos se habían separado levemente, como buscando alivio al roce contra el frío metal de la jaula.
    
    Miguel lo notó.
    
    —Mira qué fácil eres —se rió—. Ni siquiera he tenido que tocarte.
    
    Sus palabras eran cuchillos que la abrían, la exponían.
    
    —¿Cuántos de tus colegas adivinarían que la brillante abogada Martínez se moja como una perra en celo solo por ser mirada?
    
    Elena cerró los ojos, pero un chasquido de dedos ...
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