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✦ Capítulo IV – La cena del juicio ✦
Fecha: 06/10/2026, Categorías: Transexuales Autor: AnaisBelland, Fuente: TodoRelatos
✦ Capítulo IV –La cena del juicio ✦ La noche se había deslizado sobre La Voûte como terciopelo oscuro. Afuera, la ciudad respiraba con lentitud. Adentro, el silencio tenía forma: era un salón dispuesto como altar. El comedor principal no era ostentoso, pero cada detalle revelaba intención. Una mesa larga, de madera pulida, recorría el centro de la habitación. Candelabros de cristal proyectaban sombras alargadas sobre las paredes, donde cortinas pesadas ocultaban el tiempo. La vajilla era de porcelana antigua, los cubiertos brillaban como promesas, y el aire olía a vino, flores blancas y expectativas densas. Cada copa, cada plato, cada servilleta cuidadosamente doblada parecía una ofrenda en una misa sensual. Los invitados llegaron puntuales, como si supieran que esa cena no era una invitación, sino una cita con su propio deseo. La primera en entrar fueuna joven de vestido largo azul noche, de espalda descubierta, mirada aguda y modales de porcelana. Caminaba con seguridad contenida. Su perfume era seco y elegante. Se sentó sin ruido, como si su cuerpo no pesara. El segundo fueun hombre delgado, estilizado, con los labios pintados de vino oscuro, tacones plateados y un traje ajustado. Tenía pestañas postizas, uñas brillantes y un anillo en cada dedo. Al caminar, parecía danzar, como si cada paso fuera una reverencia invisible. El tercero en entrar fueGustav. Alto. Ancho. De traje negro sin corbata. Sus manos eran grandes, su rostro serio. Caminaba como quien ...
... ha peleado y ganado. No saludó con palabras. Solo con una mirada. Su sola presencia desplazaba el aire. Y entonces, Anaïs. Vestida en cuero negro opaco, con un corset que delineaba su silueta como un trazo de pluma sobre carne, falda de cuero negro opaco, medias de red y tacones afilados con suela roja. Llevaba guantes largos de cuero rojo mate que contrastaban con su piel pálida, y un collar de perlas tenues, del cual colgaba discretamente una pequeña llave de acero pulido: la del cinturón de castidad. Su cabello estaba recogido en un moño alto con precisión geométrica. Cada paso era una palabra no dicha. Cuando entró, nadie habló. La cena podía comenzar. —“Bonsoir, mes chers invités… Bienvenus à La Voûte.” Los miró a cada uno. Luego, giró lentamente hacia la puerta lateral. —“Permítanme presentarles a quien les servirá esta noche.” Sofía entró. Vestía su uniforme negro con delantal blanco, cofia discreta, y tacones medianos. El corset le obligaba a mantener una postura erguida y vulnerable. Su maquillaje era suave pero definido. Las uñas francesas añadían una torpeza ceremoniosa a sus movimientos. Se desplazaba con cuidado, como quien recuerda a cada paso que está siendo observada. E instintivamente, al pararse junto a Anaïs, hizo una pequeña reverencia. No fue ensayada. Fue orgánica. Anaïs sonrió apenas. Asintió. Y sin más, Sofía empezó a servir. Pero no servía comida.Oficiaba un rito. Cada plato que entregaba era una confesión en silencio. Cada ...