1. Historia de amor entre madre e hijo (51)


    Fecha: 08/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Iburma, Fuente: TodoRelatos

    Historia de amor entre madre e hijo
    
    En casa de nuestras dulces Dulces
    
    Quince días después de que follasen por primera vez madre e hija
    
    Primera parte
    
    Domingo por la tarde.
    
    Hacía tan solo unos minutos que habían terminado de follar, todavía estaban jadeando y sudorosas de tanto esfuerzo, pero era un esfuerzo placentero y gratificante.
    
    - ¿Qué te parece si mañana lunes vengo contigo a la lencería, para salir un poco de casa y todas estas cosas? Mientras jugueteaba con los pezones de su hija.
    
    - Estupendo, me alegro de que te lo hayas replanteado.
    
    - ¿Otro asalto, hija?
    
    - Por supuesto, nunca voy a decir que no.
    
    Nuestras Dulces volvieron a la batalla.
    
    La hija indicó a su madre que se abriese de piernas, mientras se deslizaba hacia aquel chochete mojado y resplandeciente. Con la punta de la lengua empezó a saborear aquel bombón tan suculento y sabroso, con los dedos lo abrió dulcemente con delicadeza, metiendo la lengua hasta donde pudo, mientras la madre jadeaba de placer, dando gritos de lujuria, acariciándose los grandes pechos y pellizcándose los duros pezones.
    
    La polla de la Dulce hija se le había puesto dura como una piedra, se puso en posición metiéndosela hasta donde pudo, dentro de aquel mojado y jugoso chocho. Las dos Dulces gritaban de placer y lujuria, mientras se acariciaban dulcemente sus bellos cuerpos sudorosos. Unos minutos más tarde, las dos Dulces se corrieron con mucho placer, y la madre tuvo unos cuantos orgasmos ...
    ... ontológicos.
    
    Como a su hija seguía teniendo la polla dura, la madre le hizo una mamada de escándalo, mientras la hija, no paraba de gritar y gemir de placer. Cuando estuvo a punto de correrse, se lo indicó a su madre, la madre quiso que se corriera en la cara y en sus grandes pechos. La descarga fue muy fuerte, hubo suficiente semen para regar la cara y aquellos grandes pechos y para que la madre saborease un poco del elixir de la vida.
    
    Aquellos dos suculentos cuerpos parecían que se habían fusionado en uno solo de lo juntos que estaban del abrazo que se dieron.
    
    Lunes por la mañana, alrededor de las ocho y media
    
    - Nos vamos, mamá, no me gusta llegar tarde a la tienda. Vas muy guapa.
    
    - Tu también hija, las dos estamos muy guapas y muy buenas.
    
    - No lo dudes, estamos las dos resplandecientes.
    
    Sobre las once de la mañana, en la lencería
    
    - Aquí, ay de todo, hija, sujetadores, braguitas, tentaciones, medias, pantys, estoy en el paraíso de la lencería, me encanta.
    
    - A mí también mama.
    
    - Solo te falta una cosa.
    
    - ¿Qué cosa?
    
    - Tacones.
    
    - ¿Tacones?
    
    - No digo que pongas una zapatería, solo tacones de aguja de doce centímetros, los clásicos de toda la vida: Negros, blancos y rojos.
    
    - Has tenido una idea genial, nunca se me habría ocurrido, lo tendré que consultar con la señora.
    
    - Por supuesto.
    
    - Falta otra cosa.
    
    - ¿Falta otra cosa? En este momento no se me ocurre nada más, mama.
    
    - Dos teles.
    
    - ¿Dos teles? ¿Dónde quieres que ponga dos ...
«12»