1. La Sumisión del Ónix


    Fecha: 13/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: afplanet, Fuente: TodoRelatos

    ... y total.
    
    Con un movimiento fluido y brutal, Damián se retiró de su interior húmedo. Su mano se cerró alrededor de su propia base con un agarre feroz. Un par de embestidas ásperas y urgentes de su puño, sus ojos clavados en la lengua expuesta de ella, y entonces…
    
    No fue sobre su lengua.
    
    Con una precisión depredadora, se inclinó hacia adelante y le introdujo la punta de su erección pulsante directamente en la boca, tan hondo que golpeó la parte posterior de su garganta. Elena emitió un sonido ahogado, de sorpresa y arcada, pero él no se detuvo.
    
    El primer chorro caliente y espeso le golpeó directamente en la garganta, bypassing por completo su lengua. No hubo sabor, solo la sensación de ahogo y la entrega total. Los siguientes pulsos llenaron su cavidad oral, un torrente salado y primordial que se vio forzada a tragar de inmediato, con movimientos convulsivos de su garganta, para no ahogarse.
    
    Damián gruñó, vaciándose por completo en lo más profundo de ella, sosteniendo su nuca para impedir cualquier retroceso. Cuando terminó, se mantuvo allí un momento, viendo cómo las lágrimas de reflejo corrían por las mejillas de Elena, cómo sus ojos estaban vidriosos por la intrusión brutal.
    
    Finalmente, se retiró con un pop húmedo.
    
    Elena jadeó, tosiendo levemente, un hilo blanco escapándole de la comisura de los labios.
    
    Damián la miró, exhausto pero con una expresión de dominio absoluto. Le pasó el pulgar por el labio, recogiendo el exceso y metiéndoselo en la boca ...
    ... a ella.
    
    —Nada se desperdicia —murmuró, su voz recuperando algo de su habitual control—. Todo es mío. Hasta tu aliento sabe a mí ahora.
    
    Elena, derrotada, usada y poseída en un nivel que nunca imaginó, simplemente asintió. Él tenía razón. Ya no había vuelta atrás.
    
    El silencio se adueñó del loft, roto solo por el jadeo ronco de ambos cuerpos. El aire olía a sexo, a sudor y a cuero, un testimonio pesado de lo ocurrido. Damián se incorporó del sillón con esa fluidez felina que parecía inherente a él. Sus dedos se enredaron por un momento en el cabello deshecho de Elena, un gesto posesivo que era casi una caricia.
    
    —Recoge tu ropa —dijo, su voz era ahora neutra, el eco de la tormenta que había amainado—. La puerta se cierra en cinco minutos.
    
    No había dulzura en sus palabras. No había promesas ni arrullos. Era la crudeza del final, tan franca y directa como todo lo que había ocurrido entre ellos. Él le había dado lo que necesitaba, lo había sacado a golpes y gemidos, y ahora el trato concluía.
    
    Elena, con las piernas aún temblorosas, se deslizó del sillón. Sus movimientos eran lentos, automáticos. Recogió los jirones de su blusa de seda, la falda arrugada. No se atrevió a mirarlo a los ojos. Sabía que si lo hacía, se derrumbaría o suplicaría, y ninguna de las dos opciones era tolerable.
    
    Cuando estuvo semi vestida, sintiéndose absurdamente vulnerable con la ropa destrozada, se dirigió a la puerta. La mano en el picaporte era fría.
    
    —Elena —la llamó él desde la ...