1. La Sumisión del Ónix


    Fecha: 13/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: afplanet, Fuente: TodoRelatos

    ... por dentro... un nudo de necesidades retorcidas que no te atreves a soltar. —Su aliento, caliente, le llegó a la oreja. Notó el duro roce de la barba de varios días contra su mejilla—. Pues esta noche se acaba la mierda de etiqueta.
    
    De un tirón brusco, pero calculado, la giró para que le diera la espalda. Elena emitió un jadeo ahogado, desequilibrada.
    
    —Calla. No quiero oír tu voz a menos que sea para gemir o para suplicar —escupió las palabras contra su nuca mientras sus manos, ásperas y fuertes, recorrían sus brazos con una possessividad brutal—. Esto no es un puto spa, ¿me oyes? Es el lugar donde te voy a desmontar pieza a pieza.
    
    Una de sus manos se deslizó con rudeza por su costado, hasta el bajo de su blusa de seda. Agarró la tela y tiró de ella hacia arriba, sin miramientos, exponiendo su vientre y la parte inferior de su sujetador al aire frío del estudio.
    
    —Mira esto. Temblando. Ya estás mojada, ¿verdad? —masculló, con un tono de desprecio que la hizo sentirse inexplicablemente más humillada y excitada—. Eres una predecible pequeña zorra en cuanto alguien te habla claro.
    
    Su palma, áspera por el trabajo, se posó plana sobre su estómago desnudo, empujándola contra él. Elena sintió la dureza de su cuerpo a través de la ropa, una amenaza tangible. Inspiró de forma entrecortada, siguiendo la orden anterior, y el aire le ardió en los pulmones.
    
    —Espira —ordenó él, y su mano se deslizó más abajo, metiéndose con insolencia bajo el borde de su falda, ...
    ... apresando la carne tierna de su muslo con un agarre que prometía futuros moratones.
    
    Elena exhaló, y en esa rendición del aliento, sintió cómo toda su educación, su control, su armadura, se resquebrajaba. Una oleada de vergüenza caliente la recorrió, seguida de un latido insistente y húmedo entre sus piernas. Se sentía sucia, expuesta, completamente a su merced. Y, para su propio horror, nunca había deseado algo tanto en su vida. Se entregó, sin remedio, al primer y tosco contacto.
    
    La mano de Damián, áspera y demandante, se hundió más en su muslo, subiendo con una lentitud tortuosa hacia el calor que ahora latía con una vergonzosa intensidad entre sus piernas. El pánico, agudo y frío, le cortó la respiración.
    
    —Espera— la palabra le salió como un jadeo quebrado, una bandera blanca tremulante en la oscuridad de su venda.
    
    Pero Damián no esperó. Su otra mano se enredó con rudeza en su pelo, tirando de su cabeza hacia atrás hasta que el arco de su cuello quedó expuesto, vulnerable.
    
    —¿Esperar? —Su voz era un gruñido gutural, un sonido animal que vibró contra su espalda—. La puta hora de esperar ya pasó, nena. Estás aquí porque te corriste sólo de pensarlo. Porque tu coño perfecto y depilado ya está chorreando por un tipo que te habla como al puto saco de necesidades que eres.
    
    Elena sintió una quemazón en las mejillas. Las palabras, obscenas y crudas, le taladraron la mente. Nadie le había hablado así jamás. Era soez, era degradante. Y cada sílaba era un martillazo que ...
«1234...14»