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La Sumisión del Ónix
Fecha: 13/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: afplanet, Fuente: TodoRelatos
... caliente, rozar sus labios. Un impulso primitivo, una necesidad de no defraudar, de ganar su aprobación, se apoderó de ella. Inclinó la cabeza y, guiándose solo por el instinto y el olor salado de su piel, abrió la boca. No fue suave. No fue recatado. Fue húmedo, desesperado y torpe. Intentó tragar, ahogándose un poco, pero no se detuvo. Una mano de Damián se enredó en su pelo, no guiándola, sino sujetándola con firmeza, poseyéndola. —Así —gruñó, con una nota de sorpresa ruda en la voz—. Más hondo, perra. Ensúciate. Quiero sentir tus dientes. La orden, el permiso para ser brutal, liberó algo en ella. Ya no era la galerista Elena. Era algo más simple, más primal. Jadeó, babó, se dejó usar con una ferocidad que la asustó y la excitó hasta el borde del dolor. Sabía a piel y a sal y a poder. De repente, él la apartó con brusquedad. Jadeaba. —No está mal —resolló, y el elogio, escaso y ganado con sudor, le llegó al alma—. Pero te temblaban las manos. Te dije que no las usaras. Elena, desorientada y con la boca adolorida, ni siquiera se había dado cuenta de que sus manos se habían aferrado a sus muslos. Antes de que pudiera balbucear una excusa, una mano férrea la giró sobre sus rodillas. Su falda voló por encima de su cintura, exponiendo sus nalgas al aire frío. —¡Señor, lo siento! —gritó, pero era demasiado tarde. La primera palmada cayó. Seca, explosiva, llenando el loft con un eco obsceno. Un dolor agudo, caliente, que se transformó al instante en un ...
... ardor profundo. Un grito le escapó de los labios. —¡Otra! —ordenó él, y la segunda seguida fue más fuerte, en la misma mejilla ya sensible, haciendo que las lágrimas brotaran bajo la venda. El dolor era intenso, pero no era humillante. Era… clarificador. Un castigo merecido. Una purga. Y, para su horror, el latido entre sus piernas se volvió más insistente, más húmedo, con cada impacto. —¿Vas a obedecer las órdenes la próxima vez? —preguntó, su palma posada ahora sobre la piel ardiente. —¡Sí, Señor! —jadeó Elena, empapada en sudor, lágrimas y su propia excitación—. Lo haré mejor. Prometido. Él la levantó por el pelo, girándola de nuevo para enfrentarla a su crudeza. —Más te vale —murmuró, antes de capturar su boca en un beso brutal, posesivo, haciéndola saborear su propia humillación y entrega—. Porque esto sólo acaba de empezar. Y esa perra que llevas dentro acaba de salir a la luz. Y a mí me gusta ponerle correa. Damián rompió el beso brutal, dejándola jadeante y desorientada. La piel de sus nalgas ardía con un fuego que parecía extenderse por todo su cuerpo, mezclándose con la humillación y una excitación tan profunda que le hacía temblar las entrañas. La sostuvo de la nuca, manteniéndola de rodillas frente a él, en la penumbra de su ceguera. —Ahora —dijo, y su voz era una hoja afilada en la quietud del loft—, la galerista se calla. Solo habla la zorra. Quiero oír las fantasías que escondes detrás de tu sonrisa de mierda y tus trajes caros. Las que ...