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Antonio el camionero y el duelo de guarras (II)
Fecha: 18/10/2026, Categorías: Incesto Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... campana. Y justo entonces la vio: la vecina del chalé de al lado, la madre de Lanita, que espiaba desde detrás de una cortina mal corrida. Antonio alzó la barbilla, le sostuvo la mirada con descaro, y para rematar, le guiñó un ojo. Aquella mujer se quedó inmóvil, clavada como si la hubieran pillado robando rosquillas. —Ya vendrás tú también, guapa —murmuró él para sí, con media sonrisa torcida. Y bajó la persiana de un tirón, dejando a la vecina con la imagen de su polla balanceándose aún rebotando en la retina. Total, ya se había tirado a su hija adolescente un mes y medio antes, en su propio garaje, después de que la cría se pasara un par de días provocándole como una buscona, poniéndose bikinis mínimos y justificando su presencia allí con chorradas sólo para poder verle empuñando la manguera o manoseando herramientas. Acabó dándole su merecido, dejándola más abierta que una boca de metro en hora punta. Desde entonces, cada vez que Antonio pasaba por la calle, la chiquilla se ponía nerviosa y le saludaba con una risita boba, como si aún llevara su corrida tatuada en la garganta. Volvió la vista a las dos mujeres en su casa, que seguían a lo suyo, bufando como gatas en celo. —Venga, seguid, seguid… que esto aún no ha acabado —dijo, relamiéndose los labios mientras se acariciaba la polla con calma. Antonio se dejó caer en el centro del sofá con un suspiro de rey satisfecho. Las piernas abiertas, la polla desmayada pero gloriosa entre los huevos ...
... colganderos, como el estandarte de una batalla bien ganada. Observaba la escena con una sonrisa de medio lado mientras se atusaba la barba, ese gesto chulesco y socarrón de quien sabe que manda sin tener que decirlo. —¿Va para largo? —gruñó, tirándose en el sofá con las manos tras la cabeza y los cojones bien aireados—. ¿Qué os pasa ahora, perritas? ¿Celos de rabo? Tenéis la cara como si os hubierais echao una de esas mierdas que usáis vosotras… esas cremas húmedas que se secan y se os queda el careto cuarteao, como la cal del lavadero. Pues eso, pero con mi corrida. Una mascarilla natural, hecha en casa y bien cargadita. Y aún así seguís discutiendo, menudo de par de… Eso sí que es amor, coño. Las dos callaron un segundo, mirándose con desprecio y complicidad a partes iguales. Luego volvieron a la carga como si pelear por la autoría de la corrida de Antonio fuera un deporte olímpico. —Yo conseguí meterme sus dos huevos en la boca —dijo Valeria, jactándose. —Y yo le comí el culo —contestó Olivia, con un brillo de orgullo en los ojos. —¡Mientras él se follaba mis tetas! —¡Pero fue mi lengua y no tus tetas la que le dejaron temblando! Antonio se acarició la barriga con una risa grave, de esas que salen del estómago. Miró el salón: la alfombra manchada, las cortinas medio abiertas, el aire cargado de sexo rancio y perfume de mujer. Era su reino. Y ellas, sus dos súbditas más fieles… o sus esclavas más encantadas. Lo mismo daba. —Pues qué queréis que os diga… ...