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Una noche en Buenos Aires
Fecha: 23/10/2026, Categorías: Hetero Autor: Angelguti, Fuente: TodoRelatos
... irresistibles. —Estás preciosa —susurró, y deslizó los dedos por sus hombros, desnudándola poco a poco. Isabel quedó en ropa interior: un conjunto negro, delicado, sensual. José Luis cayó de rodillas frente a ella, como si se rindiera a un templo. Sus manos recorrieron sus senos con ternura y adoración. Isabel cerró los ojos, gimió bajo, dejó que su cabeza cayera hacia atrás mientras la lengua de Jose Luis se apoderaba de sus pezones. Los lamió lento, los besó como si fueran lo más sagrado que había tocado en años. —Quiero sentirte —susurró ella, temblando de deseo. Él se levantó, desabrochó el cinturón y dejó caer el pantalón. Su erección emergió imponente, gruesa y palpitante. Isabel lo miró con una mezcla de asombro y deseo puro. José Luis la llevó hacia la cama, la hizo recostarse despacio. Se arrodilló entre sus muslos, separándolos con lentitud. Su boca descendió sin prisa, como si fuera un rito. Su lengua encontró el centro húmedo y palpitante de Isabel, y ella se arqueó, un gemido escapando de sus labios. El ritmo era perfecto: lento, firme, profundo. José Luis la adoraba con la boca, y ella se aferraba a las sábanas, al borde del abismo. —Dios… sí… no pares… —jadeó Isabel. Pero él se detuvo justo antes, con una sonrisa traviesa. —No todavía —murmuró, su voz rota por la excitación—. Quiero que me la chupes. Ella no respondió con palabras. Se incorporó y lo tomó de la mano, haciéndolo sentarse al borde de la cama. Luego, se arrodilló ...
... frente a él. Su lengua acarició la punta de su erección, lamiendo lentamente, antes de llevársela a la boca. José Luis gimió, su espalda arqueándose al sentir la calidez envolvente de ella. Isabel lo hizo con devoción. Lo besó, lo lamió, lo tomó hasta el fondo. Su lengua danzaba mientras sus manos masajeaban con suavidad, con ritmo. Y cuando él comenzaba a perder el control, bajó su cabeza de nuevo, devorándola mientras le devolvía el favor con su boca. José Luis no pudo más. El orgasmo lo atravesó con violencia, y él se derramó en la boca de Isabel mientras ella se corría contra su lengua, gimiendo con un temblor que le recorrió todo el cuerpo. Quedaron así, abrazados, jadeando, exhaustos. La habitación olía a sexo, a vino, a confesiones tardías. La noche en Buenos Aires no había sido solo una escala. Había sido una declaración. Un comienzo. Y mientras se acurrucaban bajo las sábanas, sabían, sin necesidad de decirlo, que aquello no terminaría ahí. El silencio en la habitación era denso, pero no incómodo. El zumbido lejano de la ciudad apenas llegaba a través de las ventanas cerradas. Isabel y José Luis yacían uno junto al otro, desnudos, con la piel aún húmeda del deseo, los cuerpos entrelazados en una calma cálida y cómplice. José Luis acariciaba con los dedos la espalda de Isabel, dibujando lentamente cada curva, cada línea de su cuerpo. Sus labios depositaban besos suaves sobre su hombro, como si quisiera memorizarla con la boca. Isabel sonreía con los ojos ...