1. La empleada y yo


    Fecha: 03/01/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Tus Relatos Autor: Rubirosa, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    La empleada y yo.
    Una mañana me encontraba solo en casa, pues mi esposa estaba de viaje con la empresa que trabaja y la hija de la empleada regresaba hasta la noche de la Universidad. Eran como las diez de la mañana y cuando me salí al patio veo que la empleada está queriendo mover una macetera grande que acababa de arreglar ( nuestra empleada tiene cuarenta y cinco años pero no los aparenta, es bajita, de piel blanca, pelo negro medio ondulado, la piel de la cara la tiene bien fina sin arrugas, cuando camina sus tetas se mecen muy ricas sostenidas por su brasier, un día sin querer y sin que ella me viera la vi en calzones, le vi las caderas y las piernas muy firmes y con una enorme mata de pelos que salía en su entrepierna en el borde de su calzón) al verla que quería mover la macetera me ofrecí a ayudarla, como la macetera estaba contra de la pared de la tapia, me puse en cuclillas junto a ella para levantar la macetera y ponerla dónde ella había dispuesto, en lo que empezamos a levantar la macetera, nuestros cuerpos se juntaron y quedaron uno junto al otro de lado y en un momento sin que hubiese sido adrede nuestras mejillas se juntaron, con nuestra mejillas unidas levantamos la macetera, al sentir su piel suave en mi mejilla sentí un calor y una corriente eléctrica que recorrió toda mi columna vertebral, no podíamos separarnos porque si lo hacíamos la macetera se nos caía y obviamente se iba a quebrar, entonces pegadas nuestras mejillas, con nuestros labios a ...
    ... milímetros de distancia, terminamos de acomodar la macetera, yo sentí que ella lo había disfrutado, yo ya estaba bien templado, con la verga bien parada, como andaba con un short de pijama flojo, no podía disimular nada, nos pusimos de pie, ella bajo su mirada y me la quedó viendo, en ese momento le tomé una mano y se la puse en mi verga, ella no dijo nada, me la apretó suavemente, yo le tomé la otra mano y sin decir nada caminamos adentro de la casa, entramos al cuarto donde ella duerme, le subí la blusa, le saqué las tetas del brasier y comencé a chupárselas, las tetas le colgaban bien rico del brasier y le subí la falda que andaba y le puse toda mi mano derecha en la panocha, y comencé a sobarle la vagina que estaba protegida por una mata de pelos descomunal, mientras le chupaba las dos tetas, ella no decía nada, solo gemía quedamente, entonces la acosté en la cama, le quité la blusa, la falda, el calzón y le acaricié suavemente la pelambre, le pasaba la palma de la mano por todos sus carnosos labios vaginales, mojé mi mano con saliva para lubricarla y le metí dos dedos suspendiéndolos suavemente hacía arriba para acariciar el punto G en el interior de su enorme vulva que estaba calientita y húmeda, de pronto empezó como a resoplar y a retorcerse, le saqué los dos dedos que le había metido y me bajé para chuparle la gran panocha peluda, empezó a pujar quejándose suavemente del placer que estaba invadiéndola, la estuve chupando no sé por cuánto tiempo, hasta que sentí que el ...
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