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Una cogida random
Fecha: 05/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: Katia, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
La habitación estaba jodidamente caliente, el ventilador colgando del techo apenas movía el aire espeso que olía a culo, sudor y vagina mojada. La cama era un desastre: sábanas mugrosas con manchas de quién sabe cuántas cogidas anteriores, una cerveza derramada haciendo charco pegajoso en el piso y su celular tirado en la mesita con la cámara todavía abierta del selfie que me acababa de tomar. Entró como toro en corral, sin saludar ni mierda. Me agarró del pelo desde la nuca, me jaló contra él y me metió la lengua hasta la garganta mientras su otra mano ya me estaba metiendo los dedos por debajo del tanga. “Estás chorreando como puta en celo”, gruñó contra mi boca, y tenía razón: mis bragas estaban empapadas, la vagina hinchada y palpitando de pura calentura. Le bajé el cierre del pantalón con dientes y saqué esa verga gruesa, venosa, ya tiesa como piedra. La lamí de abajo hacia arriba, saboreando el gusto salado de su prepucio, y luego me la metí hasta el fondo de la garganta hasta que se me salieron las lágrimas y lo escuché gemir “así, cabrona, trágatela toda”. No aguantó mucho de mamada. Me levantó de un jalón, me volteó contra la pared y me arrancó el tanga de un tirón que me dejó la piel roja. “Abre las nalgas, quiero ver ese culo rico”. Separé con las manos, sintiendo el aire fresco en el agujero del culo y en la vagina que ya goteaba por mis muslos. Se escupió en la mano, me untó la saliva caliente entre las nalgas y de un empujón me metió la verga hasta ...
... los huevos en la vagina. Grité como loca, “¡Puta madre, qué rico me la metes!”. Empezó a bombear duro, cada metida hacía que mis tetas rebotaran contra la pared astillada, el sonido de piel contra piel era puro porno: plaf, plaf, plaf, mezclado con el chapoteo mojado de mi chocho tragándosela entera. “¿Te gusta que te cojan como perra?” gruñó, dándome nalgadas que me dejaban la nalga ardiendo y roja. “¡Sí, papi! ¡Cómetelo todo, rómpeme la vagina, métemela hasta el útero!” Cambió de ritmo: salía casi completo y volvía a entrar de golpe, profundo, haciendo que me arqueara y jadeara como idiota. Una mano suya bajó y empezó a frotarme el clítoris con dedos ásperos, rápidos, sin piedad. Sentía que me iba a venir en cualquier momento, la vagina apretándolo como si quisiera exprimirlo. “Me voy a correr… me voy a correr dentro de esta vagina apretada…” “¡Lléname, cabrón! ¡Échame toda la leche adentro, quiero sentir cómo me inundas!” Aceleró como animal, gruñendo, mordiéndome el hombro. Un último empujón brutal y se vino con fuerza: chorros calientes, espesos, golpeando bien adentro. Sentí cada pulsada, cada gota llenándome hasta que empezó a escurrir por mis piernas en hilos blancos y pegajosos. No me dejó recuperarme. Me jaló del pelo hacia la cama, me puso a cuatro patas con el culo en pompa y volvió a metérmela, esta vez más lento pero más profundo, removiendo la lefa que ya tenía adentro. “Mírate cómo chorreas mi semen, puta sucia”. Con los dedos me abrí la ...