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Noche de sumisión vendada
Fecha: 06/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: AleVal, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Habíamos salido esa noche solo para "tomar algo ligero", pero como siempre, unas copas de tequila se convirtieron en muchas. El bar estaba lleno de risas, música alta y miradas furtivas. Mi esposo, Alejandro, me tenía tomada de la cintura todo el tiempo, sus dedos fuertes apretando posesivamente mi cadera curvilínea cada vez que algún hombre se acercaba demasiado. Yo llevaba ese vestido corto negro que él había elegido, el que se adhería a mis curvas como una segunda piel: mis pechos grandes y firmes (un 95D natural, con pezones rosados que se marcaban bajo la tela fina), mi cintura estrecha acentuada, y mis caderas anchas que terminaban en un culo redondo y levantado que hacía girar cabezas. Medía 1.65, con piernas largas y tonificadas por el gym, piel morena suave y cabello negro largo que caía en ondas hasta mi espalda.Alejandro era puro poder masculino: 1.85 de altura, cuerpo atlético esculpido en el gimnasio, hombros anchos, pecho musculoso cubierto de un vello ligero, abdominales marcados como tablas de chocolate, brazos venosos que podían levantarme sin esfuerzo. Su polla, que yo conocía de memoria, era gruesa y larga (al menos 20 cm erecta, con venas prominentes y una cabeza hinchada que me volvía loca). Cada trago avivaba el fuego entre nosotros, y yo sentía su erección presionando contra mi trasero mientras bailábamos.Cuando salimos del bar, el aire fresco no enfrió nada. Estaba mareada, excitada, con las mejillas calientes y el coño ya húmedo. Alejandro me empujó ...
... contra la puerta del taxi, besándome con fuerza, su lengua invadiendo mi boca. "Esta noche vas a ser mía completamente, Valeria, mi puta sumisa y desesperada", murmuró con voz ronca. "Vas a suplicar como la zorra que eres". Un escalofrío me recorrió. Asentí, mordiéndome el labio, porque eso era lo que anhelaba: rendirme a él por completo.Llegamos a casa tambaleándonos, riendo hasta que cerró la puerta con llave. Su expresión cambió a esa mirada dominante que me derrite. "Quítate el vestido. Ahora, zorra", ordenó con voz grave, quitándose la camisa para revelar su torso perfecto. "Muéstrame ese cuerpo de puta que todos querían follar en el bar". Obedecí, mis manos temblando por el alcohol y el deseo. El vestido cayó, dejándome en lencería negra: sujetador de encaje que apenas contenía mis tetas pesadas, tanga que se hundía entre mis nalgas firmes, y medias que resaltaban mis muslos suaves.Me acerqué, pero levantó una mano. "No. Arrodíllate, perra". Caí de rodillas en el pasillo, el suelo frío contra mi piel. Alejandro se desabrochó el pantalón, sacando su polla dura, gruesa y palpitante, ya goteando pre-semen. "Chúpamela como la puta hambrienta que eres. Dime lo mucho que te gusta mi polla". Abrí la boca ansiosa, tomándolo profundo, saboreando su piel salada mientras él agarraba mi cabello y follaba mi boca con ritmo creciente. "Eso es, trágatela toda, Valeria. Eres solo una boca para mi placer, una esposa convertida en felatriz barata".Me levantó en brazos como si no pesara ...