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LA FIESTA DE HALLOWEEN FUE MI CONDENA V – FIN
Fecha: 21/02/2026, Categorías: Transexuales Tus Relatos Autor: EntreLineas, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... reclamando territorio. —Me gusta cuando dejas de fingir —murmuró—. Cuando me miras así… rendida. Deslicé mis piernas alrededor de su cintura, acercándolo más. —Entonces no me sueltes… —pedí, ya sin orgullo. Entre besos lentos y miradas que aún ardían por la noche compartida, me incorporé un poco, con el cabello revuelto y el corazón acelerado. —Deberíamos pedir el desayuno… —susurré, acariciando su mejilla—. Antes de que vuelva a olvidarme del mundo contigo. Él sonrió, abrazándome por la cintura para que no me alejara demasiado. —Pídelo… pero quédate aquí —murmuró contra mis labios. Tomé el teléfono del hotel sin separarme de su cuerpo, riendo bajito mientras hacía el pedido. Sentía su respiración en mi cuello, sus manos dibujando promesas en mi piel. —¿Qué quieres? —pregunté en voz suave. —Lo que tú elijas… mientras sigas mirándome así. Colgué y apoyé mi frente en la suya. —Entonces café, algo dulce… y unos minutos más abrazados. Porque el desayuno podía esperar unos instantes, pero ese amor encendido y tierno a la vez… quería saborearlo un poco más. Esteban me penetro con lujuria, no cabe duda que es un semental mi hombre. 🥐 El desayuno en la habitación Apreté el botón del teléfono mientras permanecía sentada sobre sus piernas, abrazándolo por el cuello, jugando con su cabello. —Servicio a la habitación, buenos días. —Buenos días… —respondí con voz suave, casi dulce—. Quisiera desayuno para dos, por favor. Café, jugo, frutas… y pan con ...
... mantequilla. Él deslizó una mano firme por mi cintura. —Porque a mi mujer le gusta lo dulce en las mañanas. No lo negué. Sonreí, apoyando mi mejilla en la suya. —Sí… también pan con mantequilla —confirmé, dejando que mi voz sonara melosa. Colgué y me quedé abrazada a él, besando despacio su mandíbula. —Me gusta cuando me llamas así… —confesé bajito—. Me gusta sentir que soy tuya. Él me sostuvo con firmeza. —Compórtate como tal entonces. Asentí sin discutir, mirándolo con ojos suaves. —Dime qué hacer… —murmuré, acariciando su pecho—. Quiero complacerte. Tocaron la puerta. Me levanté despacio, pero antes de abrir regresé a darle un beso corto y obediente. —Espérame aquí —susurré—. Vuelvo contigo. Recibí la bandeja y regresé sin distancia, sentándome a su lado, pegada a su cuerpo. Serví el café primero para él, con cuidado. —Prueba —le dije, acercando la taza a sus labios. Él tomó un sorbo sin apartar la mirada de mí. —Así está mejor. Sonreí satisfecha y tomé un trozo de fruta, llevándolo a su boca. —Para que tengas fuerzas… —susurré con ternura y coquetería. Luego me quedé quieta cuando él tomó otro trozo y lo acercó a mis labios. —Ábrelo. Obedecí mirándolo desde abajo con una mezcla de amor y deseo. —Buena chica —dijo con esa calma dominante que lo caracterizaba. Sentí un leve estremecimiento y apoyé mi cabeza en su hombro. —Me gusta cuando me hablas así… —confesé—. Me haces sentir cuidada. Y yo me acomodé más cerca, abrazándolo con suavidad, comportándome como su ...