-
DOMINGO CALUROSO
Fecha: 17/03/2026, Categorías: Hetero Tus Relatos Autor: JALM86, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... primer encuentro, ambos sabíamos perfectamente hacia dónde podía ir aquella visita. Así que acepté. Con un sol abrasador acompañando el camino, me dirigí hacia su casa. Cuando llegué, entré con cierta timidez. Me senté en una silla dentro de su cuarto, mientras ella permanecía en la cama. Conversamos un poco, de cosas simples. Yo miraba alrededor y notaba el orden de su habitación, cada detalle en su lugar. Pero siendo sincero, mi mente no estaba realmente en esa conversación. Había una tensión silenciosa en el aire, una energía que ambos reconocíamos desde el primer momento. Sabíamos que aquella visita no era casual. Era el inicio de algo que, inevitablemente, volvería a encender la misma intensidad que habíamos dejado pendiente desde nuestro primer encuentro. No sé si era el rastro del sol tras mi caminata o la tensión sexual que vibraba entre ambos, pero el aire en ese cuarto se había vuelto denso, casi sólido. Se sentía un calor infernal, de esos que te sofocan el pecho. Ya entrados en confianza, solté la frase con total naturalidad: "Me voy a quitar la camisa, no aguanto más". No soy un hombre de físico de gimnasio; tengo mis "gorditos" y soy consciente de ello. Mi intención no era presumir ni usar mi cuerpo como anzuelo, sino simplemente sobrevivir a esa temperatura que me recordaba al mediodía más inclemente de Valledupar. Usé la camisa como un abanico improvisado, mientras la charla seguía fluyendo, moviéndose en ese terreno peligroso de quién ...
... daría el primer paso. Yo suelo ser paciente. Tengo la teoría de que "el que muestra el hambre, no come", así que me mantuve tranquilo, dejando que el deseo madurara a su propio ritmo. Y la paciencia, como muchas veces pasa, tuvo su recompensa. En un momento ella me invitó a acostarme en la cama en cuanto mi cuerpo tocó la cama, la timidez se evaporó por completo. Nos fundimos en besos apasionados que pronto dejaron de ser solo labios. Mis dedos, guiados por el instinto, bajaron a buscar su deliciosa vagina y encontraron ese tesoro húmedo y ardiente, el testimonio líquido de que ella estaba tan encendida como yo. En ese punto, el calor de la habitación dejó de importar; ahora solo existía el calor de su piel. Mi único objetivo era perderme en ella, recorrerla con calma y saborear su excitación. Quería dedicarme a un oral pausado y profundo, con la ambición de que su clímax estallara precisamente en mi boca. Disfruté cada segundo de besarla, de usar mi lengua como un pincel y escuchar cómo sus gemidos rompían el silencio de la tarde, confirmando que la espera había valido la pena. No quería detenerme ni un segundo. Mi boca se había vuelto una adicta a esos jugos calientes que emanaban de su sexo, una mezcla de lubricación salvaje y deseo puro que me quemaba los labios con cada lengüetazo. El aire en el cuarto era una masa espesa y sofocante, y aunque mis pulmones me gritaban por un respiro, mi instinto se negaba a soltar esa fuente de placer. Emergí de su humedad solo ...