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La sissy mariqueta y el plomero
Fecha: 25/05/2026, Categorías: Transexuales Tus Relatos Autor: curiososex11, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Aunque llevaba algunos años como sissy de clóset al interior de mi departamento suelo vivir mi vida loca vestida de nena al terminar el trabajo y los fines de semana. No soy mucho de salir y de amigos poco entonces los sábados me despierto, me baño, me maquillo y me visto de falda o vestidito rabón y así paso el día, entre el quehacer doméstico, las series televisivas y la masturbada con dildos incluidos. El orden de las cosas en realidad no importa mucho. La costumbre de vivir mi vida sissy en esas paredes me llevó a olvidar que la mañana en que el plomero tocó la puerta yo está en plan nena. Lo noté hasta que al abrir la puerta el tipo me miró con morbo y sonrió. Su esposo me pidió que viniera, me dijo. Yo lo miré asustada y con el corazón al 100, era el primer hombre que me miraba así, como ama de casa sabadera, como nena en cualquier sentido. Tartamudee antes de poder contestarle, haciendo mi voz lo más femenina posible. Sí... esteeee, pero yo no tengo esposo. Su hermano tal vez, me respondió manteniendo esa mirada que de morbo pasaba a lujuria. No, tampoco. A ...
... lo mejor se equivocó de dirección, le dije. Y como su mirada prometía que podría destaparme la tuberías sin demasiado problema. Pero que bueno que se equivocó, fíjese que tengo problema en la cocina, por qué no pasa y le echa un vistazo. Entró y lo llevé a la cocina. Mire, la tubería del fregadero como que no deja pasar el agua bien, le dije y me puse de cuclillas para enseñarle. Él se paró frente a mi y al levantar la mirada lo que tenía enfrente era su verga marcada en los jeans. Se le veía gorda, justo como la que me recetó el doctor. A ver, enséñemela mejor. Me dijo. Yo me empiné y metí la cabeza debajo del fregadero con el culo medio empinado, lo que permitía que él viera mis ligueros y mis bragas. No sé si desde donde estaba se veía también el plug que tenía metido en el culo, pero no tardó nada en sobarme las nalgas. Qué rica estás mami, dijo. Yo me quedé helada un segundo, solo un segundo pero de inmediato relajé el cuerpo. Se la iba a mamar, no tenía duda alguna de eso. Se la iba a remamar y lo iba a dejar que me llenara la cara con sus mecos de plomero.
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