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Mi suegra en Chalin
Fecha: 19/06/2026, Categorías: Sexo con Maduras Tus Relatos Autor: Suryp, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Hola. Esta historia es real y sucedió hace algunos años. En el pueblo yo tenía una novia llamada Natalia. Su mamá se llama Lucía. Por cuestiones del destino ella se fue a vivir a Tampico mientras yo me fui a estudiar a otra ciudad. Sin embargo, el mismo destino hizo que yo también llegara a Tampico a estudiar y trabajar. Allí nos volvimos a encontrar después de muchos años sin vernos. Ella esta bien desarrollada; tenía pechos grandes, una boca rica, labios gruesos, pelo rizado. Se veía muy bien. La invité a salir y ella aceptó. Nos dimos besos muy cachondos y pude acariciar sus ricos pechos, aunque no llegamos a más. Un día me pidió que la acompañara al pueblo. Tenía urgencia de recoger unos documentos que necesitaba para unos trámites. Desde luego que yo no me negué. Durante el camino quedamos que al siguiente día regresaríamos a Tampico pero que ella me avisaría la hora. Al siguiente día me levanté temprano, me preparé para estar al pendiente para cuando me avisara. Sin embargo, no pasó nada. No me avisó. Por lo que yo supuse que ella seguía en su casa. Así que esperé hasta la tarde para ir a verla y saber qué había sucedido. En la tarde ya oscureciendo me arreglé y fui a su casa. Me recibió su mamá, quien estaba en una silla en la parte trasera de su casa. Me invitó a sentarme. Y le pregunté de su hija, que ya no me había avisado si se iba o no a la ciudad. Para mi sorpresa, la señora, aún joven, me dijo que su hija se había ido por la mañana. Y ...
... que nunca le dijo de nuestro trato. Me sentí un poco frustrado. Y posiblemente me vio un podo triste, me dijo que lo sentía mucho el actuar de su hija. Por el calor que estaba haciendo, ella se levantaba la falda para echarse aire y dejaba descubiertas sus piernas. Sentía una sensación de deseo sexual con mi suegra. Acerqué mi asiento junto a ella y coloqué una mano en su pierna y ella no se negó. Eso me indicó que le gustaba o pretendía consolarme. Como vi que no se molestó tocarle sus piernas, me puse a masajearlas suavemente. Yo miraba cómo apretaba sus labios y gemía. Se estaba excitando también. Para esa hora ya estaba obscuro; no había luz eléctrica. Solos. Abrazándonos y besándonos. Nos levantamos y nos fuimos a su cama. Debo decir que su marido no estaba; tenía días o meses que andaba en otra ciudad trabajando. Estando en la cama, comencé a desnudarla. Como que al principio se mostraba nerviosa, pero le pude quitar toda la ropa quedando desnudos ambos. La pasión se estaba desbordando a más no poder. En la obscuridad sólo se escuchaban los chasquidos de los besos salvajes y apasionados mientras ella gemía y me decía que le gustaba lo que le estaba haciendo. Cuando le abrí las piernas para penetrarla, toqué su vagina llena de pelos abundantes. Llegué a su clítoris y estaba bien mojada. Le metí los dedos para acariciar su vulva mientras seguía besándola y le succionaba sus ricos pechos. Me pidió que la penetrara ya. Yo tenía el pene bien erecto, a punto de ...