1. La cruel inopia del general Raúl Américo Bustos


    Fecha: 04/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: Vergamorcilla, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... se sentía siendo un viejo blanco impotente en un mundo que ya no lo necesitaba. Raúl contestaba con vergüenza y excitación. Ellas lo llamaban “compañero en proceso de deconstrucción”.
    
    
    
    Un día le propusieron encontrarse. Raúl aceptó.
    
    
    
    Cuando abrió la puerta de su departamento, las dos mujeres entraron como si ya fueran dueñas. Traían una bolsa grande. Dentro había pañales para adultos de los más gruesos, braguitas sucias que ellas mismas habían usado durante días, y un arnés con un consolador grueso.
    
    
    
    —No vas a volver a tocarte la polla como hombre —le dijo Camila dura de pasta base y con una. botella de sidra ls pijonesa mientras le bajaba los pantalones—. Eso se terminó. Ahora sos un agujero. Un receptáculo. Un proyecto político-erótico un puto con el culón hambriento 
    
    
    
    Lo obligaron a ponerse un pañal grueso encima de una de las bragas más sucias que traían. El olor a concha vieja y orina le golpeó la nariz. Le pusieron crema, lo metieron en el pañal y lo sellaron con cinta. Luego lo sentaron en el inodoro con la tapa bajada.
    
    
    
    —Vas a mearte y cagarte adentro —ordenó la otra mujer, a la que llamaban Luna—. Y mientras lo hacés, vas a repetir: “Soy un viejo impotente que ya no merece follar. Mi polla es un error histórico”.
    
    
    
    Raúl temblaba. Intentó resistirse un segundo, pero el olor de la braga sucia contra su piel y la presión del pañal lo excitaron de una forma que no entendía. Se meó. Sintió el calor subir por el pañal y correr hacia ...
    ... atrás. Se corrió en menos de veinte segundos, eyaculando dentro del pañal mientras gemía como un animal.
    
    
    
    Desde ese día empezó la verdadera “reeducación”.
    
    
    
    Cada semana las dos mujeres iban a su casa. Le ponían hormonas que ellas mismas conseguían (según decían, “para ayudarlo en el proceso de feminización parcial”). Le metían el dedo en el culo y le ordeñaban la próstata durante horas mientras le leían textos queer y marxistas en voz alta:
    
    
    
    —Tu masculinidad tóxica ya no existe, Raúl. Ahora sos propiedad colectiva de las conchas que te dominan. Tu placer es un privilegio que te concedemos cuando nos da la gana.
    
    
    
    Lo obligaban a usar pañales 24/7. Le prohibieron ir al baño como hombre. Si quería orinar o cagar, tenía que hacerlo adentro del pañal, de rodillas, mirando hacia arriba mientras ellas le escupían en la cara o le metían los dedos sucios en la boca. Cuando se ensuciaba, lo dejaban así durante horas. El olor se le impregnaba en la piel. Aprendió a amar ese olor.
    
    
    
    Una noche Luna le metió un plug anal grande y le dijo:
    
    
    
    —Esto es lo que te queda. No vas a volver a poner esa cosita inútil dentro de ninguna mujer. Ahora sos el que recibe. El que se abre. El que se mea y se caga mientras otros deciden cuándo y cómo correr.
    
    
    
    Lo hicieron correrse solo con estimulación prostática mientras le leían en voz alta pasajes de teoría queer sobre “la abolición del pene como órgano de dominación”. Raúl lloraba de vergüenza y se corría al mismo tiempo, ...
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