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Presenciando una orgía en el cumple de mi jefa, pero yo soy fiel
Fecha: 02/08/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: VillaEgo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... enamorado", pero mis ojos no dejaban de recorrer esos cuerpos marcados. Después de una hora de pura tensión sexual, me rendí. Dos chicos guapísimos, gemelos de unos 20 años con ese tono de "pituquito surfista", se acercaron a mí. Eran altos, atléticos y definidos, nada que ver con mi novio, que es bajo y gordito. En la universidad estatal donde estudié jamás vi hombres así. Empezaron a besarme el cuello, sus labios cálidos y húmedos me hacían temblar. Mientras los gemelos me abrazaban y me besaban, yo busqué al hombre que tenía la polla más grande de toda la reunión. Era un venezolano de 18 años, flaquito, pero con una pinga descomunal. Pensé: "Si voy a engañar a mi novio, que sea con alguien que realmente llene el vacío". Me lancé sobre él. No dejé que me penetraran, pero me entregué a todo lo demás. Los gemelos empezaron a explorar mi cuerpo con hambre; me metieron los dedos en la vagina y en el ano al mismo tiempo, mientras me lamían cada rincón, desde el clítoris hasta el esfínter. Sentía sus dientes mordiendo mis pechos, dejando marcas que me hacían gemir, y sus manos cacheteando mis nalgas con fuerza hasta dejarlas rojas y calientes. Mientras tanto, yo me encargaba del venezolano. Me arrodillé y envolví su enorme miembro con mi boca, succionando con fuerza, usando mi lengua para recorrer cada vena. Lo masturbé con las manos y la boca con una desesperación acumulada de meses, haciendo que se corriera tres veces seguidas. No me detuve ahí. También masturbé a los gemelos, sintiendo la firmeza de sus pollas en mis manos hasta que ambos se corrieron encima de mi piel, manchándome el pecho y el vientre con su semen caliente. Al final, terminamos los tres en una de las camas. Yo estaba exhausta pero completamente satisfecha, besando a los gemelos desesperadamente. Eran demasiado guapos para dejarlos ir. Antes de irme, los tres me dieron sus números. Quedamos en vernos otro día, y esta vez, no habrá dudas: voy a dejar que me follen hasta que no pueda caminar.