-
Con mi sobrino de 18 años
Fecha: 05/08/2026, Categorías: Jóvenes Tus Relatos Autor: VillaEgo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Me desperté sintiéndome hambrienta, pero no de comida. Desde la cena de anoche, no podía dejar de pensar en mi sobrino. Pobre cosita, tan inocente y tímido, viniendo desde el Cuzco con esa carita de no romper un plato. Mi hermana se había burlado de él frente a todos cuando admitió que ninguna chica le hacía caso y que nunca había tenido novia. Me dio una mezcla de ternura y un deseo voraz; me encantaba la idea de ser yo quien le abriera el mundo, o mejor dicho, dejar que él me abriera las piernas a mí. Eran las 9 de la mañana. Escuché el portazo final y el silencio se apoderó de la casa. Todos se habían ido a trabajar o a sus vueltas; yo era la única de vacaciones y, por suerte, me habían dejado a cargo del chico. Me puse solo una tanga diminuta que apenas contenía mis 98 centímetros de culo y dejé que mi panza sobresaliera con naturalidad. Me miré al espejo, sabiendo que mi cuerpo, con sus curvas generosas y mis tetas medianas, sería un choque total para alguien tan poco experimentado. Salí de mi cuarto y lo vi ahí, parado, tan flaquito que parecía que se iba a romper con el viento. No llegaba a los 55 kilos, un palillo comparado conmigo. —Ven, vamos a la piscinita de la azotea —le dije con una voz que yo sabía que lo ponía nervioso. Cuando llegamos arriba, el sol de Lima empezaba a calentar. No perdí tiempo. Lo atraje hacia mí, envolviéndolo en mi abrazo. Sentí cómo temblaba. Empecé a lamerle el cuello, sintiendo su piel fría y suave, mientras mis manos recorrían su ...
... cuerpo escuálido, apretando sus costillas y bajando hacia su cintura. Lo besé con hambre, una lengua invasiva que lo dejó sin aliento. El pobre no sabía qué pasaba, estaba en shock, pero su cuerpo respondía; sentí su erección pequeña pero firme presionando contra mi muslo. —Bajemos al cuarto —le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo. En cuanto cerramos la puerta de mi habitación, fui directo al cajón. Saqué el vibrador de 25 centímetros, esa bestia de plástico que mi enamorado me regaló para compensar que su pene no se levanta ni aunque le paguen. Lo sostuve frente a él, y vi cómo sus ojos se abrían de par en par. —Esto es para que aprendas lo que es el placer, mi amor —le dije. Lo puse a trabajar. Primero lo usé en mí, gimiendo fuerte mientras el juguete me abría el coño, y luego lo obligué a mirar. El chico estaba tan excitado, tan sobreestimulado por ver a su tía desnuda y mojada, que no aguantó nada. Antes siquiera de que yo lo tocara bien, se corrió por primera vez, un chorro blanco que manchó las sábanas. Pero esto era solo el comienzo. Pasamos las siguientes horas en un ciclo de lujuria. Lo follaba, lo hacía tocarme, lo obligaba a lamer mi clítoris mientras yo me movía sobre él. El pobre estaba tan ansioso que se acabó corriendo seis veces a lo largo del día. Después de la cuarta vez, estábamos recuperando el aliento. Me levanté un momento y me agaché para recoger una toalla que se había caído al suelo. Al hacerlo, mi culo de 98 cm quedó expuesto, totalmente al ...