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Me obligaron a cabalgar a un stripper
Fecha: 05/08/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: VillaEgo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... estiró mis paredes vaginales al límite, llenándome por completo, llegando hasta lo más profundo de mi útero. La sensación fue tan intensa, tan abrumadora, que mi cuerpo reaccionó instantáneamente. No hubo preámbulos; el simple hecho de sentir esos 25 centímetros reclamando mi interior me provocó un orgasmo violento y súbito. Mis músculos vaginales se contrajeron espasmódicamente alrededor de su polla, y sentí una descarga eléctrica que me recorrió la columna, dejándome sin aire. El stripper empezó a moverse, embistiendo con fuerza y ritmo. Cada estocada era como un mazo de placer y dolor que me hacía jadear. Las chicas gritaban a nuestro alrededor, animándolo, mientras yo me perdía en la sensación de estar siendo completamente invadida. El roce de su piel contra la mía y la presión constante de su verga gruesa me tenían en un estado de trance. Sentía que me partía en dos, pero no podía pedirle que se detuviera. El placer era demasiado primitivo. De repente, sentí que él llegaba a su límite. Sus embestidas se volvieron más rápidas, más desesperadas. —Me voy a correr... —gruñó él en mi oído. En ese instante, sentí una explosión caliente inundando mi interior. El stripper soltó una descarga masiva de semen, llenándome profundamente. La sensación del líquido caliente disparándose ...
... contra mi cuello uterino fue el detonante final. Un segundo orgasmo, más largo y profundo que el primero, me sacudió por completo, dejándome temblando y con la mente en blanco. Cuando finalmente se retiró, me dejó caer suavemente sobre el suelo de la sala. Intenté ponerme de pie, pero mis piernas estaban como gelatina; temblaban violentamente, incapaces de sostener mi peso. Me sentía vacía y, al mismo tiempo, demasiado llena. Entonces, la realidad me golpeó. La angustia me invadió de golpe. No había usado condón. El semen de un extraño estaba ahora dentro de mí, y la imagen de Martín apareció en mi mente, llenándome de una culpa asfixiante. El horror de lo que acababa de pasar, sumado al miedo a un posible embarazo o enfermedad, me hizo entrar en pánico. Sin mirar a nadie, gateando y apoyándome en los muebles con las piernas aún temblorosas, logré desplazarme hacia el pasillo. Corrí desesperadamente hacia la habitación de Fiorella, el único lugar donde sabía que podría encontrar refugio. Cerré la puerta con llave, me vestí con manos torpes y me encogí en un rincón del cuarto, abrazando mis rodillas y llorando en silencio, esperando que la fiesta terminara y que todos se fueran para poder escapar de aquel lugar y borrar el recuerdo de aquella verga colosal que me había dejado marcada.