1. Prueba a un sumiso


    Fecha: 28/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: Tuamo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    Esta es la historia de una mujer que vivía sometida a los placeres del sexo. Cierta vez fue llevada por su esposo en un auto con los ojos vendados a una casa en las afueras de la ciudad. Al llegar, la puerta se abrió y sin que nadie dijera palabra, fue conducida a una habitación grande donde fue sentada en una silla común. Ahí fue abandonada y ella se mantuvo quieta. No se destapó los ojos y no se movió de la posición en la que le habían dejado.
    No supo cuánto tiempo había pasado cuando sintió que unas manos tibias le acariciaban la cabeza y lentamente bajaban por sus senos, recorrían sus costados y sus brazos, acariciaban su abdomen con una suavidad que no había sentido nunca. En un momento, se detuvieron, la tomaron de los costados y la hicieron levantar con gentileza. Entonces, esas mismas manos desabrocharon uno a uno los botones de la blusa, pero al llegar al último, se detuvieron. La mujer escuchó que esta persona caminaba hacia atrás de ella con lentitud y desde allí terminó el trabajo, retiró la blusa que cayó al piso dejándola solamente con el corpiño.
    Muchas sensaciones recorrían su cuerpo, pensamientos lujuriosos, pero, también, de temor; se sentía excitada, ansiosa y expectante.
    Las manos, con precisión y certeza, le desabrochaban el corpiño que también cayó al piso. Después esa persona, hombre o mujer, silenciosamente se alejaba dejándola ahí parada, sin respetar su excitación y su ansiedad, ignorando todas las emociones que atravesaban su cuerpo, ...
    ... simplemente la abandonó. El tiempo transcurría lentamente no se movía, nadie le decía hacer, ella solo sentía que debía ser así.
    Nuevamente escuchó ruido, no podía precisar si se trataba de una o más personas, de hombres o mujeres, simplemente comenzaron a acariciarla, manos, algunas frías otras cálidas, algunas suaves otras ásperas, recorriendo todo su cuerpo metiéndose en todos los rincones, en su boca, en su cuello, en sus senos, en la entrepierna, en su ano, de manera cada vez más apasionado, más intensa y más fuerte.
    La falda, que aún tenía puesta, también cayó lentamente y junto con la bombacha fueron llegando a los tobillos. Ahí estaba parada, desnuda, sin moverse, siendo intensamente y placenteramente mancillada.
    La acompañaron a sentarse y así desnuda ataron sus manos atrás, sus tobillos al costado de la silla con sus rodillas abiertas, una acción que se hizo con una delicadeza y precisión sorprendente. En esa posición no podía moverse y comenzó a inquietarse porque nadie hablaba, no había jadeos, no había respiraciones intensas.
    Era evidente, todo estaba sumamente calculado.
    Nuevamente quedo abandonada en esa enorme habitación.
    Al cabo de un tiempo que le pareció interminable, nuevamente hubo ruidos en la habitación, se acercaron y volvieron las caricias pero, esta vez, de un modo relajante y tranquilizador. Ponían lubricante en sus pezones y la sensación era de extremo placer. Acariciaban su cuello, su abdomen y sus muslos, pero no tocaban su sexo, no le ponían ...
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