1. Cumpleaños de los niños


    Fecha: 26/10/2026, Categorías: Voyerismo Tus Relatos Autor: Jhonnnn6, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X


    # La fiesta de los dos cumpleaños
    
    María tenía treinta y ocho años, dos hijos —una niña de cinco y un niño de dos— y un vestido de rayas ajustado que había comprado pensando que sería cómodo para una tarde de sábado. No lo era. Con la luz del salón, la tela se transparentaba lo justo para dejar ver el tanga color carne que llevaba debajo, y María lo sabía, pero había decidido ignorarlo porque el día no era suyo: era de sus hijos.
    
    La sorpresa estaba contratada desde hacía tres semanas. Un chico disfrazado de Chase, el perro policía de la Patrulla Canina, y una chica de Ladybug, la superheroína de los dibujos. Los niños llevaban días hablando de ello. La niña se había puesto su camiseta de Skye. El pequeño no paraba de gritar "¡Chase, Chase!" cada vez que oía la puerta.
    
    A las cinco de la tarde llegó Chase. Puntual, simpático, con el traje de peluche azul y las orejas caídas. A Ladybug no la vio llegar nadie. A las cinco y veinte María ya había llamado dos veces al número de contacto y le habían confirmado que la chica había tenido un problema con el coche y no llegaría.
    
    —Señora, sin Ladybug los niños se van a llevar una decepción —le dijo el chico de Chase, que se llamaba Iván, veintitantos, con una sonrisa fácil—. Y usted tiene pinta de poder hacer el papel.
    
    María miró el disfraz de Ladybug que la chica había dejado en el maletero por si acaso. Rojo con lunares negros. Un mono ajustado de pies a cabeza, con capucha y máscara. Y un tamaño que, a ojo, le iba a ...
    ... quedar como un guante. O como una segunda piel.
    
    —Vale —dijo—. Dame cinco minutos.
    
    Subió a su cuarto, se desnudó y se metió en el mono. Y ahí empezó el problema.
    
    El vestido de rayas había sido una mala idea, pero el mono de Ladybug era una condena. La tela era fina, elástica, y se le pegaba a cada curva. Se miró en el espejo de cuerpo entero. Por arriba, con la capucha y el escote del disfraz, los pezones no se le marcaban. Bien. Pero por abajo, con el tanga puesto, la costura del mono se le metía entre las nalgas y por delante se le marcaba una línea que dibujaba el coño con una precisión casi obscena.
    
    —No puedo salir así —murmuró.
    
    Se quitó el tanga. Se lo volvió a mirar. Mejor por detrás, pero por delante seguía marcándose todo. El mono no tenía forro. No había nada que hacer.
    
    —Pues nada —se dijo—. A lo natural.
    
    Salió al salón con la capucha puesta y la máscara cubriéndole media cara. Los niños gritaron. La niña se le colgó del cuello. El pequeño se quedó mirándola con los ojos como platos, sin reconocerla del todo, hasta que ella dijo "¡Hola, soy Ladybug!" con una voz impostada y el niño se rio.
    
    Los padres, los otros padres, los invitados, los vecinos que habían venido con sus hijos, ninguno la reconoció. María se movía entre ellos como una desconocida. Y eso, pensó, era una libertad extraña.
    
    Pero el calor. El calor era insoportable. El salón estaba lleno, las ventanas cerradas por el ruido, y el mono de Ladybug era un horno. María sudaba. La tela se ...
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