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Me llaman Cascabel (2)
Fecha: 07/05/2019, Categorías: Poesía Erótica, Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos
... indicado. Fue tía Celia quien bajó a recibirme y le confié mi estado anímico. -Te entiendo, Cascabel, pero tratá de calmarte. El doctor hizo que la secretaria se retirara, así que vamos a estar solos y me parece que te va a dar verga sin demora. -Ay, tía… pude articular dificultosamente mientras ella me sobaba las nalgas. Por fin estuve ante el doctor Carmelo Iñíguez, que me fue presentado así por tía Celia. Estábamos en la oficina del abogado, amplia y muy bien puesta. Él se puso de pie, rodeó el escritorio y vino hacia mí, Me hubiera gustado mirarlo, pero los nervios y la vergüenza me tenían con la cabeza gacha y los ojos obsesivamente fijos en la alfombra de color crema, aunque pude advertir que vestía pantalón gris, zapatos negros, una camisa blanca y corbata azul -Hola, Cascabel, es un gusto conocerte… -me dijo cuando me tuvo ante él, muy cerca. -Gracias, se.. doctor… Igualmente… - contesté con un hijo de voz y sin poder controlar el temblor que me agitaba entero. -Celia, usted me ha dicho que su sobrino es un chico obediente, ¿verdad? -Muy obediente, doctor. –confirmó tía Celia. -Bueno, vamos a comprobarlos. A ver, Cascabel, desnudate. Al escuchar semejante orden y al tener muy cerca al doctor Iñíguez mi calentura supero al miedo y a mis nervios. Lo miré de arriba abajo y pude ver que era exactamente el tipo de hombre que me calienta, un viejo pero al parecer en buena forma, un poco más alto que yo, robusto, de cabello gris peinado con ...
... gel, tal como me lo había descripto tía Celia. -Ya oíste, Cascabel. –intervino ella a mis espaldas. -Sí, tía… -murmuré con un hilo de voz y me senté en la alfombra para quitarme las zapatillas mientras me daba cuenta, muy excitado, de que el bulto del doctor Iñíguez bajo el pantalón crecía lentamente y ya se alzaba en un ángulo de 45 grados. Me puse otra vez de pie con la mirada fija en ese bulto y me quité la ceñida camiseta, el jean y vacilé un poco antes de sacarme la última prenda, el slip blanco con lunares negros. -Vamos, Cascabel. –me apuró tía Celia y entonces, erizado de pies a cabeza, les ofrecí a los dos mi completa desnudez. Hubo silencio durante un momento hasta que por fin, mientras yo temblaba de ansiedad, de nervios y de ganas el doctor Iníguez giraba a mi alrededor y me ordenaba: -los brazos al costado del cuerpo, Cascabel… No tapes nada de todo eso tan lindo que tenés… -Sí, doctor… -dije y puse mis brazos en la posición ordenada. -¿Qué le parece, doctor? –preguntó tía Celia mientras él se había detenido a mis espaldas. -Es más lindo de lo que me imaginé, señora… Es un bocado de reyes… -le contestó el doctor y apoyó sus manos en mis nalgas: -inclinate hacia adelante, nene, con las manos en las rodillas… me ordenó y obedecí y él entonces empezó a pasar el canto de una mano por el medio de mi culo, entre ambas nalgas, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, una y otra vez, haciendo que mi calentura creciera más y más. -Celia, ...