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La perversa carcelera
Fecha: 05/01/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: oscareduardo, Fuente: SexoSinTabues
Karen oyó la sentencia con estupefacción, había sido enviada a la cárcel de mujeres por un error circunstancial, pero mientras probaba su inocencia debía acatar esa orden perentoria. Cuando llegó al establecimiento carcelario sintió pánico, era una edificación vieja de muros altos pintada de un color gris, la puerta de acceso era sencillamente una amplia reja fuertemente asegurada por cadenas y candados. Después de seguir el protocolo de ingresofue acompañada por un largo pasillo por unas guardianas que lo entregaron a la carcelera principal. Esta carcelera era una persona muy especial, era una mujer rolliza de contextura media, sus rasgos mostraban una persona cruel y amargada, su tono de voz era enérgico y carente de cualquier tipo de emoción. Pero lo peor era la fama que la antecedía, el trato despótico hacia las internas que rayaba a veces en vejámenes inconcebibles, su marcada inclinación lésbica que se reflejaba en actitudes amenazantes e intimidatorias. Se llamaba Teodora y era la que mandaba y deshacía. En esa penitenciaria el alcaide era una figura decorativa que se hacía el de la vista gorda frente a los desmanes de su subalterna. Cuando Karen estuvo frente a Teodora sintió que la denudaba con sus ojos lascivos, era una mirada penetrante e inquisidora, cuando le abrió la puerta de la celda le susurró al oído una frase premonitoria y aterradora…pronto vas a ser mía…se la dijo despacio, casi deletreada y Karen sintió miedo, pero también sirvió para activar sus ...
... mecanismos de supervivencia, ante ella tenía una amenaza y debía defenderse aún en inferioridad de condiciones. La estudió rápidamente, lucía un uniforme de blusa y pantalón, en su cinturón llevaba un par de esposas, un manojo de llaves y un bolillo de caucho macizo de aproximadamente 40 centímetros de longitud y de diámetro ostensible. Teodora la empujó en la celda y cerró con llave. Karen examinó la celda, era un aposento austero, una cama, una mesa de noche y un pequeño gabinete. Una ventana pequeña en la parte superior dejaba entrar un rayo de luz. De pronto alguien la habló, la voz provenía de la celda contigua, se acercó a la reja y ante sus ojos vio un pequeño espejo y la imagen de una mujer joven. La chica la saludó con una frase más que significativa…fueron tres palabras…bienvenida al infierno. Se llamaba Olga y le pasó otro espejito, ese sería su modo de comunicarse y hablar entre ellas. Hablaron muy poco pues las pisadas en el pasillo les avisaron que alguien venía. Karen se tendió en su camastro y pensó en la situación compleja en la que estaba. Se acordó de su padre, era un viejo zorro que le enseñó entre otras cosas a defenderse, había sido maestro de artes marciales y aunque ella nunca había sido amiga de esas disciplinas había aprendido las normas mínimas de defensa personal, y en aquel lugar de seguro las iba a necesitar. Al otro día muy temprano las llamaron a formación y las llevaron a las duchas, eran unos baños comunes, sin puertas de ninguna índole. Todas iban ...