1. Clara y el abuelo de Heidi


    Fecha: 17/05/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Supertanque, Fuente: CuentoRelatos

    Hacía ya 10 años que no veía a mi nieta, 10 años ya desde que me la arrebataron de mi lado después de dejarla a mi cuidado cuando apenas era una niña que supiera caminar. ¿Y todo para qué? Para ser la niña de compañía de una niña rica de la gran ciudad, una pobre minusválida. Pero tras 10 años, ambas habían decidido visitarme.
    
    Mi corazón no podía dejar de saltar de alegría.
    
    Llegaron al final de la tarde, pero llegaron. Eran tres mujeres en total, acompañados de dos hombres de los alrededores. Su adorada nieta, una niñera áspera y dura como un cayo, y una jovencita en silla de ruedas.
    
    Nunca había visto nada igual. Su cabello era largo y dorado. Sabía que existían, pero nunca lo había visto. Y el vestido azul que llevaba. Era guapísima.
    
    —Buenas tardes.
    
    —Hola abuelito.
    
    —Buenas Heidi.Ni que decir tiene que el abrazo que nos dimos fue increíble.
    
    —Y tú debes ser Clara, la amiga de mi nieta.
    
    —Así es, encantada.
    
    —Estás montañas me han hecho sudar – comentó la niñera
    
    —Debe haber sido haber subido hasta aquí arrastrando esa silla de ruedas. Ya lo es sin ningún tipo de pega.
    
    —Ni que lo diga, buen hombre. Ni que lo diga. Y lo peor es que ahora nos toca bajar.
    
    —Yo lo siento...
    
    —No tienes nada por que sentirlo, Clara. Tú no tienes la culpa de ser así.La chica me sonrió. Su sonrisa era preciosa.
    
    —Esta bien, esta bien. Nos bajamos al pueblo a disfrutar de nuestro dinero bien ganado. No hagas nada malo con dos jovencitas bajo tu techo.La niñera y ...
    ... Clara se quedaron boquiabiertas.
    
    —¿Dos? – Pregunté yo.
    
    —Bueno, sí. Yo me vuelvo esta misma noche a la ciudad y...
    
    —Pensé que iba a quedarse unos días por aquí...
    
    —No, Clara no quiere y...
    
    —No es necesario – comentó ella – No va a pasarme nada malo, ¿Verdad?
    
    —Verdad – asegure yo con una mirada de complicidad.
    
    El tiempo pasó rápido y llegó pronto la noche. Heidi no paró de hablar ni un momento de todo lo que había vivido en la gran ciudad. Pero yo no estaba interesado en lo que mi nieta me dijera. Yo quería que hablara ella. O quizá quería estuviera callada, tal y como estaba.
    
    Llegó la hora de llevarlas a ambas a su cuarto. Ambas iban a dormir en el piso superior, apartadas, y para eso, tuve que llevar en brazos a Clara, como si fuera mi esposa. Sé que a ella se le pasó la misma idea por la cabeza por la manera de ruborizarse cuando nuestros ojos se encontraron.
    
    —Tengo que ir al servicio – gritó HeidiNos quedamos solos. No supimos que decirnos.
    
    —¿Necesitas ayuda para cambiarte de ropa y ponerte el...? ¿Puedo...?
    
    —Sí, pero Heidi me ayuda con eso.
    
    —Ah, claro.
    
    —Sí... De todas formas estoy muy acostumbrada a que me vean los hombres.
    
    —Médicos – dije yo.
    
    —Médicos – afirmó ella.La conversación murió...
    
    —Por cierto – gritó Heidi – Mañana me voy a las montañas con Pedro.
    
    —Esta bien – dije yo. – Esta bien.
    
    No pude dormir. Toda la noche noche estaba dándole vueltas a la misma idea. Al día siguiente, me iba a quedar a solas con una ...
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