-
Mi primo Jeriaan, el perverso
Fecha: 20/06/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos
No soy ni preocupón ni nervioso, pero ese día había perdido la billetera con mis documentos y un poco de dinero, lo que significó ir a dar parte a la policía. Solo di parte de pérdida porque, si me la robaron, ni me enteré. Tal cual se lo dije al policía que estaba anotando todos los datos. Tras la firma me fui a casa a echarme en la cama y llorar por la cantidad de cosas que tenía que hacer para obtener de nuevo todos los documentos. Mientras iba de camino en el móvil desactivé mi cuenta bancaria y llamé a un amigo que tengo en el banco para que me asegurase que estaba inoperativa. Esto me tranquilizó bastante, pero la rabia la tenía metida en las entrañas. Entré a mi casa, fui a la cocina, al comedor a la sala de estar y al dormitorio de mis padres, no estaban, no me pude desahogar con ellos y me metí en mi habitación. Extrañamente estaba oscura porque alguien había bajado la persiana y me fui a prender la luz. Algo se movió sobre la cama, prendí la linterna del móvil, enfoqué y lo que tenía sobre mi cama era un tío desnudo, tumbado boca abajo, las piernas extendidas y bien abiertas, dos nalgas como melones, redondeadas y sin pelos, una coyuntura muy estrecha y la espalda en V; la cabeza metida debajo de la almohada, asomando un cogote con cabellos rubios tirando a rojos; los brazos doblados por el codo en ángulo recto y las manos, como la cabeza, debajo de la almohada. Me senté, pensé: «justo esto es lo que me falta ahora, un tío en mi cama, para eso estoy ahora». ...
... Lo miré, y apartaba la vista. «Pero, ¿qué estoy haciendo?». Salí de mi habitación para cerciorarme que era en verdad mi habitación. «Pero, si no tengo otra habitación en mi casa..., soy hijo único, ¿qué es esto?» Volví a entrar, me senté en mi rotatoria, sin encender la luz, prendí el ordenador, giré la silla y me puse a ver aquella espalda y aquel trasero. «¡Madre mía, qué culo! No es posible que yo esté viendo esto, en mi casa, en mi cama, a tres metros de mis narices». Y tomé la decisión de no hacer nada, mientras contemplaba cada pulgada de aquel maravilloso cuerpo se me pasaba el tiempo. Por un momento se movió, pero todo siguió igual. El ordenador se había abierto todo, hice un chat a mi novia: ˝Me han robado la billetera, ya te explico”. Me contesta: “¿En qué te ayudo?”. Le replico: “Nada, ahora estoy con problemas, ya te cuento”. Me senté tranquilo a contemplar esas nalgas y esas piernas extendidas y abiertas; lo de menos era la espalda, que cada vez que admiraba me entretenía y me gustaba, pero las nalgas se llevaban mi visión como si nunca hubiera visto otras: “¿he visto otras nalgas desnudas?, ¿eran como estas?, ¿por qué estas me apasionan tanto?”. Estaba en estos pensamientos y comenzó a moverse ese cuerpo que parecía inerte, se dio la vuelta y me mostró... ¡Ay, madre mía, jamás había visto en mi puta vida semejante cosas! ¿Qué vientre!, ¡qué pechos!, ¡qué cara!, ¡qué polla y qué huevos! Esto no podía ser realidad, mis ojos me estaban engañando. Respiré ...